domingo, 9 de octubre de 2011

Diálogo 4.1 Conversación telefónica con la mujer del Norte

Yo no puedo percatarme de que existe la consciencia, con su contenido, ¿verdad?

No, percatarse es un hecho espontáneo, propio del desarrollo de la película de la vida, mediante el cual reconocemos la Unidad –nuestra verdadera naturaleza- sirviéndonos del personaje del guión. El embelesamiento con el contenido queda evidenciado: se reconoce que la consciencia existe simultáneamente con su contenido, los dos aspectos de la Unidad.

Sí, porque, si no existiera la consciencia, el contenido no podría existir. Esta pared no existiría si no hubiera consciencia de ella.

Sí, pero lo más importante es que surgen de forma simultánea. Son, sencillamente, dos aspectos de una sola cosa: Unidad, la Plenitud. ¡Es la pared que se está viendo a sí misma!

Efectivamente, pero tú ya has vivido, con anterioridad, en el mundo y lo veías como yo lo veo ahora, ¿verdad?

Bueno, “nosotros” somos apariciones de la Unidad. De este lado, no se ve nada de forma distinta. Lo único que sucede es que a los pensamientos se les ha caído la máscara. El embelesamiento con ese aspecto de la Unidad que constituye el contenido ha dejado de ser el tema exclusivo. Todo lo que aparece sigue viéndose igual, sólo que el relato mental ha pasado a formar parte del paisaje en lugar de ser un “filtro” –como resulta ser cuando existe la identificación con el “yo”-.

Algo así como parecer que eres una persona, un individuo, que está mirando a una pared.

Exacto.

¿Tú has experimentado eso?

Aparentemente, eso sigue siendo igual ahora. Esa sensación de separación, de que una persona está mirando a una pared, resulta funcional: funcional dentro de la obra de teatro, como parte del guión. Sin esa aparente distancia y separación, la obra no podría representarse.

De acuerdo. Por tanto, ¿no hay nada malo en sentir que se está mirando una pared?

En absoluto.

Nathan Gill

sábado, 8 de octubre de 2011

Diálogo 3.24


Así, no hay todo ese lastre de una persona que es la responsable del mundo o del personaje. A mí, personalmente, me resulta de gran ayuda pensar que no hay un responsable de lo que se hace. “Yo no creo mi vida, no controlo las cosas”: ese pensamiento me libera de culpabilidad, de creer que debo hacer algo para cambiar algo. A excepción de lo que comenté antes sobre mi hija, (ver entrada 3.14) que es un poco peliagudo por la carga emocional que conlleva, lo demás resulta cada vez más fácil.

Claro, desde el punto de vista del que se identifica con el personaje en la película de la vida, algunos conceptos, como no adjudicarse la autoría de nada, resultan muy útiles cuando empiezan a introducirse en el guión, porque se suelta mucho lastre. Por tanto, cuando se desarrolla la comprensión intelectual –aun manteniendo la identificación con el personaje-, ese tipo de conceptos aportan mucha relajación dentro de la película. No obstante, la comprensión intelectual nunca desembocará en ningún tipo de despertar del sueño de la identificación con el personaje porque la comprensión intelectual forma parte de la película y, sencillamente, queda obsoleta cuando surge el “saber” innato.

Entonces, Nathan, cuando te encuentras con personas que están profundamente metidas en el guión o en sus sueños, que no son conscientes o no se dan cuenta de nada de lo que estamos hablando aquí, ¿no te entran ganas de revelarles algo de todo esto?

Ni remotamente: no.

¿Crees que resultaría peligroso?

No sé si sería peligroso pero, probablemente, todo esto les sonaría a chino, ¿no te parece? Cualquier impulso por explicar algo a “los demás” implica fortalecer el cuento de este personaje que os habla y, cuando se le ha quitado la máscara, todo eso deja de tener importancia. No hay nada absolutamente malo en el hecho de que esos “otros” personajes aparentes estén embelesados con su papel. La Conciencia aparece y ya está despierta, con la forma de todos y cada uno de los personajes, aunque sin que se reconozca. Por tanto, cuando surge el reconocimiento, ya no hay ninguna necesidad ni ninguna planificación de hacer nada al respecto.

Tal vez, si el embelesamiento se desmorona de forma espectacular, puede surgir un pensamiento del tipo: “¡Caramba! ¡Esto es una revolución! ¡Es absolutamente impresionante! ¡Se lo tengo que contar a todo el mundo!”, pero apenas hay personajes a quienes les pueda interesar. ¿Y por qué les iba a interesar? La Conciencia ya está despierta con la forma de todos y cada uno de los personajes, y no tiene ningún interés en reconocerse a sí misma como Conciencia. En estas charlas, se plantean preguntas y surgen respuestas, pero no son más importantes que cualquier otra conversación cotidiana dentro de la película.

¿Quieres decir con eso que, a ti, ese tipo de interacciones te resultan igual de entretenidas?

Claro que sí. En una barbacoa, se habla, generalmente, de cosas materiales, de cotilleos sociales, y tú vas y participas. En la película, como tú vas de buscador serio, metido en el camino, andando “por el filo de la navaja”, esas conversaciones triviales son tabú. No debes leer novelas: ¡sólo los libros “espirituales” que acaban de salir! Sin embargo, cuando se termina todo eso, todo lo que surge está bien; cuando se le quita la máscara al “yo”, todo ese espectáculo de la búsqueda fallece de muerte natural.

Ya no tengo tantos motivos para seguir viniendo a estas charlas, pero el caso es que sigo viniendo… para pasar el rato.

Bueno, tómatelo como su fueras a un club a aprender a jugar al billar. No dejarás de ir al club cuando le hayas cogido el tranquillo al juego; seguirás apareciendo por allí para pasar el rato, tomarte una cañita y echar una partida.

Me gusta ese ejemplo. ¿Dónde están las cañitas?

Nos las hemos tomado con la comida. (Todos ríen.) Bueno, creo que hemos terminado por hoy.

Gracias, Nathan.

Gracias por todas estas excelentes preguntas.

Nathan Gill

jueves, 6 de octubre de 2011

Diálogo 3.23


Da la sensación de que ese “relax”, ese desahogo, aporta una espontaneidad, un no tener que plantearse si puedo hacer esto o debo hacer lo otro, sino que sólo existe el fluir natural de todo lo que sucede, incluidas ciertas cosas que, desde luego en mi caso, jamás me habría imaginado que iba a hacer porque habría pensado: “Soy incapaz de hacerlo. ¡Hay demasiada gente aquí y yo soy incapaz de hablar en público!”… Ahora lo que sucede es que hay cosas con las que se fluye con toda naturalidad, sin que el “yo” empiece a decir: “Soy incapaz de hacerlo”…

Sí, esa historia del “yo” que dice: “Soy incapaz de hacerlo” se desarrolla al mismo tiempo que lo que sucede realmente. Cuando le quitamos la máscara al relato mental, esa historia puede continuar pero ya no nos la creemos, por lo que todo resulta más espontáneo.

A veces te das cuenta de que encajas perfectamente en algo y, entonces, te viene el pensamiento de que eso no te habría pasado antes. No sucede necesariamente todo el tiempo, sino que se vislumbra de vez en cuando.

Sí, claro.

Nathan Gill

martes, 4 de octubre de 2011

Diálogo 3.22


Entonces, las cosas por las que te has interesado hasta ahora –cualquiera de esas cosas pero, básicamente, cuestiones intelectuales como la filosofía, por ejemplo-… ¿Todo eso desaparece?

Todo lo que esté relacionado con el funcionamiento de esta vida desde la perspectiva del personaje queda obsoleto. Existe la vida, tal y como es, pero intentar entenderla de alguna manera constituye una búsqueda del que está identificado con el personaje. No hay más que la película que aparece en la pantalla.

Ahora bien, desde un punto de vista práctico, si hablamos de hobbies como tricotar, la jardinería, la arqueología o algo así, es posible que se sigan haciendo porque el personaje tiene ciertas tendencias y con esas actividades no se intenta encontrar una forma de escapar del guión de la película sino que constituyen un mero pasatiempo dentro de ella. Sin embargo, todo lo que tenga que ver con salirse de la película e intentar encontrarle un sentido queda obsoleto, deja de despertar interés.

Pero la película prosigue tal cual, no puede ser de otra manera. Todo coexiste.

Por supuesto.

Y la representación teatral se mantiene.

Claro, puede que continúe con el “relato”, pero ya se le ha quitado la máscara: el embelesamiento ha dejado de hipnotizarnos. La vida de este personaje sigue manifestándose pero el personaje en sí se ha quedado sin motivos para escapar de la película porque ya la ve como es realmente. La Unidad ya existe, tanto si hay en ella un guión que se está desarrollando como si no. Puede que el relato se mantenga pero se sabe que no es más que eso –un cuento-, y por eso se puede llevar una vida corriente.

Sin embargo, a quien está identificado con el personaje de la película, esa “vida corriente” le parece algo extraordinario: esa ausencia de tensión o de agitación existencial le parece algo extraordinario.

Si se produce una ausencia repentina de autoconciencia, es probable que el desahogo brote en forma de éxtasis, por ejemplo. Sin embargo, en lo que aparece ahora en forma bajo la forma de “lo corriente”, ya no existe motivo alguno para buscar esa dicha suprema ni nada más: la búsqueda ya ha sido desenmascarada. Todo forma parte del guión de la película. En ese desahogo, no hay ninguna necesidad de buscar nada.

¿Ese desahogo es, en parte, un reconocimiento de que no hay nada que hacer ni nada que se pueda hacer?

Todo es perfecto tal y como es, de por sí. A ese “yo” que se pondría a hacer algo ya se le ha quitado la máscara. Cuando acaba esa búsqueda de algo que hacer, de alguna forma para cambiarlo todo, no se crea o se genera el desahogo o la paz interior: es algo que ya existe de por sí pero ha estado velado por el embelesamiento.

Nathan Gill

domingo, 2 de octubre de 2011

Diálogo 3.21

Cuando uno está en esto de forma permanente, ¿se incrementa la comprensión intelectual con el paso del tiempo?

La comprensión intelectual no se incrementa: la comprensión queda obsoleta. La comprensión intelectual sólo existe desde el punto de vista de la identificación con el personaje. Cuando en el guión de la película se empieza a introducir el "saber" innnato de cuál es tu verdadera naturaleza, en un principio aparece en forma de búsqueda y de comprensión intelectual; sin embargo, progresivamente, el guión se empapa de un "saber" intrínseco y, entonces, ya no hay ninguna necesidad de comprender.


Simplemente forma parte del cuento.

Sí, desde el punto de vista del personaje de la película, la comprensión intelectual lo es todo: le da la sensación de que tiene que "entender" muchas cosas pero, en realidad, no es más que el reconocimiento de su verdadera naturaleza que está impregnando el guión por medio de la comprensión intelectual. Cuando se revela el "saber" innato, ya no hay ninguna necesidad de entender nada y se ve que nunca la ha habido; que, en cualquier momento, uno se puede desprender completamente de la autoconciencia y que todo eso no tiene ninguna importancia. Por tanto, no hay ninguna necesidad de entender nada. La comprensión intelectual es el guión de la película.

Cuando reconoces que tu verdadera naturaleza es Unidad –una sencilla presencia-, ¿qué necesidad tienes de entenderla? La presencia es lo que existe. Todo es tal y como es: los personajes que aparecen, las historias que se montan, los terremotos y las tragedias, las grandes alegrías y absolutamente todo lo demás. Ésa es la representación teatral, dentro de la cual, cuando se produce la identificación con el personaje, un montón de cosas pueden parecer importantes pero, en realidad, nada lo es. Sólo son importantes desde el punto de vista del guión de esa representación.

Nathan Gill

Diálogo 3.20

Siguiendo con este tema, digamos que se tiene una experiencia espiritual -que se alcanza el séptimo cielo, el éxtasis o lo que sea- y que eso es tan significativo como tomarse una taza de té, pongamos por caso. Pero, entonces, en esa realidad aparente, puede producirse una completa desaparición del ser.

¿Te refieres a lo que se llama autoconciencia psicológica?, ¿al "yo"?

Sí, a una desaparición total de esa contracción en forma de ser. Puede que dure algunos segundos, varias semanas, meses, o podría mantenerse permanentemente. Esa desaparición del ser resulta paradójica porque, por una parte, no tiene la menor relevancia mientras que, por otra parte, es de vital importancia, pues es la expansión máxima del ser para convertirse en todo.

La Conciencia ya es todo lo que existe. Por tanto, no se produce ninguna expansión máxima del ser para convertirse en todo. La "expansión" ya es lo que existe y la contracción del "yo" es aparente. Lo que sucede es un acto de desenmascarar al "yo" o al ser individual y, en consecuencia, deja de importar el "yo" si aparece o no el "yo", si la autoconciencia desaparece o no.

Ahora bien, para el buscador, esto adquiere una importancia tremenda, pues afecta a todo el guión de su personaje. En esta película, la Conciencia aparece en forma de todos los personajes y cada uno tiene un guión particular. Por tanto, en algunos de los personajes aparentes, puede que se produzca una desaparición ininterrumpida de la autoconciencia mientras que otros se mantendrán completamente identificados con el "yo".

Sin embargo, no tiene por qué producirse necesariamente una desaparición total de ese "yo" porque de lo que estamos hablando aquí es de desenmascararlo, es decir, de ver en qué consiste realmente, en lugar de pasar el tiempo esperando a que desaparezca. Cuando se le quita la máscara al "yo", surge un relax total en -y en calidad de- nuestra verdadera naturaleza.

Si ahora Nathan empezara a decir que vive en una ausencia total del "yo" y exclamase: "¡Ah! ¡Qué maravilloso! ¡Qué bonito!", y todo eso, en lugar de producirse esta escena en el guión de los personajes donde se integran cómodamente con las cosas tal y como son -al haberles quitado la máscara al "yo"-, daría la sensación de fomentar la búsqueda de la desaparición del "yo". Si empiezo a decir: "Aquí dentro ya no hay ningún "yo", sería como poneros delante de las narices la zanahoria dorada de lo que se ha dado en llamar "Iluminación" o "Despertar".

Lo que se está expresando aquí hoy es que únicamente existe el hecho de "estar despierto". Desde siempre, lo único que existe es ese "estar despierto" pero, dentro de ese "estar despierto", se produce el embelesamiento con el "yo". Cuando, sencillamente, se reconoce que el "yo" es un pensamiento más, no hace falta que desaparezca ni total ni permanentemente, y el hecho de que ese "yo" aparezca y desaparezca no representa ningún problema: no importa. Ya no hay ninguna búsqueda de lo mara villoso ni del éxtasis porque todo, de por sí, está bien. El desahogo que se revela al quitarle la máscara al "yo" resulta suficiente.

Nathan Gill

Diálogo 3.19

Entonces, cuando alguien con esa capacidad parece conservar una gran cantidad de "yo", ¿significa que, en su caso, no se ha producido la liberación?

Es que no hay ninguna liberación por encima de este estar despierto en el presente y de esta película de apariencias. Esta conversación actual -que es completamente hipotética- está brotando en este momento en forma de algo interesante que desvía o distrae la atención del presente. Se puede participar en cualquier conversación sobre este tipo de cosas y todo esto resulta interesante y divertido cuando se sabe de forma innata cual es nuestra verdadera naturaleza. Sin embargo, cuando se mantiene el embelesamiento por los pensamientos que surgen, todo esto vuelve a convertirse en algo grave y se tienen pensamientos como: “¿Estará iluminado de verdad o no? ¿Estará liberado? ¡Pues no lo tengo muy claro!”. Entonces, todos esos pensamientos se toman en serio, ¿me explico?

Desde luego 

La liberación se adjudica a otro personaje que esta “ahí delante”: “¡Ese personaje esta liberado… y yo no consigo liberarme! ¡Fíjate lo que es capaz de hacer… y todas esas frases iluminadas que nos dice!”. Por tanto, se trata de otra forma que adapta el olvido de nuestra verdadera naturaleza. Al involucrarnos en el relato, pasamos por alto el presente y, en el cuento, surgen todo tipo de personajes pintorescos que parecen estar o no “iluminados”. Es lo que tiene de espectacular esta obra de teatro.

Nathan Gill

Diálogo 3.18

Hace poco, alguien me habló de la corriente del "Aquí no hay nadie", me decía que conlleva cierta sensación de apatía y que, en cambio, lo que tiene que haber es una clara sensación de energía.

La película de la Conciencia aparece con tantas formas distintas como personajes hay. En algunos casos, hay una búsqueda de toda la espectacularidad y despliegue de la energía mientras que, en otros casos, basta con una charla como ésta que sirve como recordatorio para producir un reconocimiento instantáneo de nuestra verdadera naturaleza, sin necesidad de fuegos artificiales...

Entonces, toda esa gente que transmite shakti, ¿lo hacen porque intentan provocarlo?

No, no hay un personaje interno ni ningún "yo": sólo hay un sentimiento de unicidad. El hecho de que uno escoja o haga algo, lo que sea, es absolutamente ilusorio. Se trata de un guión, de un cuento que surge en forma de pensamientos. Todo brota de forma absolutamente espontánea. En cierto modo, se podría comparar con los sueños que tenemos al dormir, que brotan de ninguna parte.

En esta película de la vida, hay personajes con una aparente capacidad de manipular la energía, y coinciden con otros que siguen identificados con su personaje. Desde el punto de vista de esos personajes, se mantiene la idea de "estoy transmitiendo esa energía" en lugar de percibirlo como algo que, simplemente, forma parte del guión.

Nathan Gill

martes, 27 de septiembre de 2011

Diálogo 3.17

¿Podrías comentarnos por qué hay personas que tienen la habilidad de transmitir shakti? (Poder, energía espiritual. También, deidad esposa de Shiva).

En la película de la vida, shakti es una forma de energía a la que el buscador le atribuye una gran capacidad de transformación y purificación. En el guión de la obra, hay algunos personajes cuya función consiste en canalizar esa energía a través del tacto, de la mirada, etc.

La transmisión de shakti constituye una parte fascinante del guión, que produce cambios de estado de conciencia y percepción. Con frecuencia, causa una suspensión de la identificación con el personaje en conjunción con lo que podríamos denominar una experiencia trascendental y, quizás, con visiones, sonidos "internos" y movimientos corporales espontáneos.

Todo eso se atribuye al "Despertar" o a la actividad de la kundalini. En algunos personajes, la energía kundalini tiende a activarse de forma espontánea sin necesidad de ningún tipo de transmisión mientras que, en otros, su actividad se induce mediante la ingesta de ciertas plantas o drogas psicotrópicas como algunas setas, cactus, LSD, etc. Todo eso forma parte del pasatiempo que constituye la película de la vida.

Nathan Gill

lunes, 26 de septiembre de 2011

Diálogo 3.16

Cuando hablas de "búsqueda", ¿podría aplicarse a cualquier cosa? Por ejemplo, cuando sientes ansiedad y no quieres sentirte así.

Sí, la búsqueda adopta muchas formas distintas. En el contexto de estas reuniones, nos referimos a la búsqueda del "Despertar" o de lo que llaman "Iluminación", pero también se puede aplicar al hecho de intentar jugar el mejor partido de fútbol, de buscar un coche nuevo o, como tú dices, de superar una sensación de ansiedad. La Conciencia aparece con la forma de todos y cada uno de los personajes y, en cada uno de ellos, tiene un guión de búsqueda distinto.

En el caso del buscador que asiste a este tipo de charlas, se podría pensar que se trata de un tipo "especial" de búsqueda. Sin embargo, aunque constituya una forma final de búsqueda -porque, cuando nuestra verdadera naturaleza se revela, cualquier tipo de búsqueda queda desenmascarada-, en realidad no tiene nada de especial. El personaje con el que se produce la identificación en esta película anda buscando la Plenitud en cualquiera de las formas que ésta puede adoptar, y el paso de desenmascarar esa identificación, de percibir en qué consiste realmente, constituye el final del cuento de la separación y de la búsqueda.

Nathan Gill

domingo, 25 de septiembre de 2011

Diálogo 3.15

Supongo que algunas expresiones como "vivir en el caos" o "vivir pendiente de un hilo" te son familiares. Parece muy emocionante, ¿no? Vivir al filo de la navaja...

Sí, justamente. Es emocionante, ¿no te parece? Cuando inicias el camino de la búsqueda "espiritual"... ¡Al filo de la navaja! Si alguien te dijera: "Eso es muy corriente", tu reacción sería: "¡No me digas eso!". Sin embargo, como decíamos antes, desde el punto de vista del "filo de la navaja, lo que aquí llamamos "corriente" resulta extraordinario. Ese desahogo se revela cuando no hay búsqueda y, si se experimentara de forma inmediata -sin tener que pasar por el cuento de la descomposiciòn progresiva de la identificación con el personaje-, se viviría como lo más extraordinario del mundo.


Lo paradójico de la búsqueda es que buscamos lo que ya somos -esa Plenitud o Unidad de la que hablas- pero, en vez de buscarla con la forma de lo que tenemos delante, la buscamos en la forma de un Dios que es una inteligencia suprema escondida entre bambalinas.

Sí, pero no existe ninguna inteligencia entre bambalinas: esto es Dios. Esto es lo que tradicionalmente se llama Dios. Éste es el aspecto inmanente de Dios, de la Unidad, de la Conciencia, del presente: en forma de esta habitación llena de personajes. Ya está. A medida que desaparece la búsqueda de la Plenitud y el desahogo se revela, esa búsqueda de Dios -o de la Unidad o de la Iluminación- se convierte en algo ridículo porque todo es tal y como es: ya es perfecto de por sí.

Nathan Gill

lunes, 19 de septiembre de 2011

Diálogo 3.14

Sin embargo, a veces la identificación se mantiene viva con asuntos como, por ejemplo, la educación de mi hija: cómo intento controlarle la vida... Interiormente, sé que el individuo no existe y que nada tiene verdadera importancia pero, por otra parte, es como si yo decidiera regañar a mi hija cada tarde porque no hace los deberes del colegio. Al final, todo eso refuerza enormemente el "yo", el "ella", los deseos... y la idea de que existe un "yo" que puede hacer cualquier cosa.


Claro que sí. Si sólo fuera cuestión de tener pensamientos honestos, sería como si todo estuviera preconcebido, ¿no crees? Sin embargo, en la película de la vida, los pensamientos suelen surgir de la mano de los sentimientos y, a menos que (al igual que con los pensamientos) puedan contemplarse con objetividad, como elementos que forman parte del decorado de esta película, consiguen que el relato mental resulte convincente.


Efectivamente, y eso me ayuda mucho porque, en el caso de los pensamientos, se puede contemplar cómo llegan y se van pero, si tienen una carga emocional, resultan muy absorbentes.


Ésa es la naturaleza de esta película: al principio, se produce una identificación total con el personaje pero, después, se ve que es una película y se revela ese desahogo: todo es, sencillamente, tal y como es. Entonces, las discursiones con nuestras hijas por los deberes dejan de plantearnos un dilema y pasan a ser, sencillamente, algo que sucede en el momento presente.

Nathan Gill



domingo, 18 de septiembre de 2011

Diálogo 3.13

Entonces, cuando se desenmascara al "yo" , la búsqueda termina y hay paz.

Surge una sensación de desahogo, de facilidad. Se ve que esa falta de esfuerzo es, de hecho, lo único que ha existido desde siempre, pero estaba velada por la agitación de la búsqueda. Así, cuando disminuye la intensidad de enfoque sobre el juego de identificarse exclusivamente con el personaje, esa "facilidad" -que subyace a toda esa agitación- pasa a ocupar el primer plano y la agitación se disipa.  

Por tanto, ¿para ti no es algo cotidiano?

El único que se anticipa a ese desahogo y se lo imagina como algo extraordinario es uno mismo al identificarse con su personaje. ¡De hecho, hasta la búsqueda resulta más extraordinaria!

Entonces, lo extraordinario se convierte en cotidiano.

Sí, en el sentido de que resulta sencillo, natural y fácil: extraordinario, desde el punto de vista del buscador, pero natural y cotidiano cuando desaparece la búsqueda.

En cierto modo, ¿lo corriente se convierte en algo completamente satisfactorio?

Sí, no hace falta que nada sea extraordinario.


Nathan Gill

martes, 26 de julio de 2011

Aclarando conceptos


Es una locura, porque el buscador no es más que un “alguien” imaginario que proyecta una respuesta imaginaria. La Conciencia es la que aparece en forma de todo, la que juega a eso, la que se experimenta a sí misma en todas esas formas distintas.

Desde el punto de vista del juego de la búsqueda, lo que parece importante, con respecto al desarrollo de las charlas, es que, al principio, un personaje asiste a las charlas porque anda buscando lo que se suele llamar “la Iluminación” o “el Despertar”, es decir, un acontecimiento que sucederá en un futuro. Por eso, al principio, todos estos conceptos de Conciencia (con sus aspectos de consciencia y de contenido de la consciencia) le parecen útiles. Como se nos recuerda tantas veces cuál es nuestra verdadera naturaleza, el “yo” acaba perdiendo la máscara y la búsqueda empieza a esfumarse: más que de la búsqueda de lo extraordinario, de lo que se trata es de toparse con lo cotidiano, pero sin la tensión de la búsqueda. El “yo” queda desenmascarado y se vive una vida corriente. Entonces, se ve que todo lo demás –lo que antes resultaba tan profundo, todo ese montaje de la búsqueda de la Iluminación- es una mierda.

Nathan Gill

lunes, 4 de julio de 2011

Pequeño diálogo con Nathan Gill



No deja de ser una paradoja que el hecho de reconocer nuestra verdadera naturaleza no revista ningún mérito en absoluto.

Sí, sólo tiene “mérito” desde el punto de vista de la identificación con el personaje.

Entonces, uno “ve” que, simplemente, forma parte de la película que se está proyectando en esta habitación, en este momento.

Sí, pero no es el personaje quien lo ve: no es “alguien” que lo ve.

Entonces, ¿no reviste ningún mérito?

No, ése es el guión: que hay un mérito. Ésa es la película.

¿No hay buscador? , ¿no hay camino?

No, sólo en apariencia.

Entonces, ¿ya no hay más entusiasmo?

Puede haber entusiasmo y puede no haberlo. A menudo, lo que se entiende por entusiasmo es esa esperanza de “despertar” o de “iluminarse” proyectándose sin cesar como un plan de futuro: el “subidón” de asistir a distintas reuniones, de comprarse un libro nuevo, de buscar el nirvana…

No obstante, sentada en esta silla, está brotando una insatisfacción por lo que está sucediendo en este momento a causa de todo lo que le han ido contando a una durante toda la vida hasta ahora: las expectativas, las esperanzas, el camino, el buscador y todo tipo de escenarios. Pero, en realidad, no hay nada… y eso le deja a una abatida… incluso, tremendamente abatida, casi completamente desolada… no resulta agradable.

Lo que tú llamas “abatimiento” no es más que la paz y el desahogo que siempre ha existido. Lo que ocurre es que ahora han sido despojados del “entusiasmo” de la búsqueda, las esperanzas, el esfuerzo, el progreso… Ahí se está produciendo ahora ese desmoronamiento de la identificación con el personaje: quizás, al principio, no parezca suficiente con dejarse descansar en la existencia y ese “abatimiento” sea una forma de llorar la pérdida de esa aventura de capa y espada que constituye la búsqueda.
Lo único que se busca es un desahogo que ya existe aquí mismo, pero uno está sumido en la apasionante búsqueda del desahogo en lugar de descansar siéndolo.
En lo que se refiere al desmoronamiento de la identificación con el personaje, hay veces en que el “yo” no queda completamente desenmascarado y esa asunción del personaje se acompaña de cierta sensación de estar incompleto: sientes que te falta algo. Sin embargo, en cuanto se produce un movimiento en busca de la Plenitud, el “yo” queda desenmascarado. Como se deja de considerar que la búsqueda de la Plenitud es una posibilidad, el “yo” vuelve a desmoronarse. Algunos denominan a esto “estar en el desierto”; su misma idea, de por sí, se convierte en otro enfoque para los pensamientos: el “juego de la espera” como parte del guión. “Estoy en el desierto”, como una versión más de la búsqueda.

Todo lo que dices –todo lo que llevas diciendo toda la tarde- me parece muy bien, pero tengo el corazón vacío. El reconocimiento… Hablas de reconocimiento: intelectualmente, lo entiendo muy bien pero, si en algún momento he vislumbrado algo, ha sido con el corazón. Todo esto me parece estéril mientras que, anteriormente, se han producido en mí experiencias acompañadas de un impresionante entusiasmo, o de alegría, de amor, de sensaciones de ese tipo… y de un alivio tremendo.

Sí, por supuesto. Todo eso corresponde a la película multicolor de la vida. Cuando se ve que todo son, sencillamente, escenas de la película que surgen en el momento presente, todo está permitido: la alegría, el amor… aunque también el desencanto.

Es como si fueras un paisaje y, cuando desaparece toda la frondosidad de la vegetación, no hay más que desierto. No es más que un paisaje, ¿verdad?

Sí, el “paisaje” es una buena analogía. A veces, en el paisaje hay alegría, otras veces, hay desolación. A veces, está verde y, otras, pardo.

Cuando se está inmerso en la película, las experiencias de dicha constituyen “la respuesta”, la escapatoria, mientras que las experiencias horribles son aquello de lo que intentamos escapar.

Eso es, exactamente, mientras que, en cada momento presente en que queda desenmascarada la inmersión, se desmorona y es percibida como consciencia y contenido de la consciencia: la Plenitud, la Unidad, la Presencia, Lo-Que-Es.


Nathan Gill


sábado, 2 de julio de 2011

Diálogo 3.12


Lo más divertido de todo esto es que –si es verdad (como me está empezando a parecer que es) que cada momento es una invitación para ver eso- al mismo tiempo que vas como un loco de un lado para otro haciendo esto o aquello, en cada instante siempre hay algo que te dice:”¡Párate y mira!”.

Claro, ese mensaje se cuela entre toda esa prisa: se cuela en el juego de recordarnos nuestra verdadera naturaleza.

Yo me he llegado a sentir exhausto de tanto buscar y no encontrar nada. Me he sentido absolutamente agotado, harto, hasta diría que deprimido, porque me daba cuenta de que nada de esto tiene ningún sentido, pero continuaba, aunque no se me desvelaba nada: seguía esperando a que se produjera algún tipo de Despertar.

Siempre se hace una proyección hacia el futuro, aunque sea de forma sutil, como el juego de la espera.

No me refiero a sumirme en la dicha suprema… aunque también debo decir que ese “desahogo”, esa “facilidad”, esa sensación de permitir que penetre en tu vida la belleza de todo lo que sucede a tu alrededor –de abrazarlo, por así decirlo- no se me ha ocurrido nunca. Hace muchos años que no siento nada así. Supongo que eso también formará parte del guión pero, en el fondo, sigo creyendo que, si no consigo algo, a menos que esté a lo mío –igual que todos los demás, que parecen estar a lo suyo- habré fracasado.

Al identificarnos con el personaje, nos parece que nosotros hacemos todas las cosas porque las ideas surgen junto con las acciones. El guión nos dice que “yo estoy haciendo tal cosa” mientras que, en realidad, las imágenes aparecen proyectadas en la pantalla y el relato mental discurre simultáneamente.

Me acabo de dar cuenta de lo que acabo de hacer al hablar: me he dividido en dos al decir “yo” o “mi experiencia”. Sin embargo, eso sólo sucede dentro de la película, donde parece que hagamos eso.

Sí, ahora bien, cuando se acaba el juego de la búsqueda, no importa que se utilicen los términos “yo”, “mí” o “mío”, porque ya no hacen referencia a la identificación con el personaje.

Lo personal.

Exacto.


Nathan Gill

viernes, 22 de abril de 2011

Diálogo 3.11


A veces pienso que, como la vida no es gran cosa, es mejor tirar para adelante, ponerme las pilas y hacer todo lo que esta tristeza de mente mía decida que tengo que hacer. Sin embargo, de ese modo, me pierdo toda la belleza que nos rodea.

Ése es el guión más frecuente de esta película de la vida: la Conciencia aparece en forma de un “individuo” que se pasa el tiempo intentando llegar a algún sitio.

Para poder acabar.

Claro, para poder acabar, para que al final se pueda descansar: al final, en lugar de durante, que es esto, el presente.

Y no da tregua, ¿verdad?

Desde el punto de vista de la identificación con el personaje, no da tregua. Ésa búsqueda del fin de los problemas no se acaba nunca porque siempre surgen nuevos problemas.


Nathan Gill

jueves, 21 de abril de 2011

Diálogo 3.10


Se suele decir que el silencio está en los intervalos; que Dios, o la presencia o como quieras llamarlo, está en los intervalos y que hay que escuchar el silencio que hay entre las palabras. En cierto modo, eso es lo que sucede. Cuando el silencio se oye más fuerte que las palabras, es como si te dejaras llevar y te quedaras en ese silencio. Es muy intenso.

Claro que sí, pero la Conciencia no está sólo en los intervalos. Conciencia es lo único que existe. Algunas veces, la película adopta la forma de una conversación intensa y, otras veces, hay espacios de silencio, hay intervalos.

¿Es imprescindible seguir escuchando cosas que nos recuerden nuestra verdadera naturaleza?

No.

Cuando ya se ha escuchado el mensaje unas cuantas veces, en teoría se puede…

Por supuesto pero, mientras sigas asistiendo a reuniones como ésta, se te seguirá recordando.

Hablas de “consciencia y contenido”. ¿Se trata de una fórmula breve que uno puede utilizar para recordarlo?


No, “tú” no puedes recordarte nada, pero puede que se te recuerde de ese modo si eso forma parte del guión de la película.


Nathan Gill

miércoles, 13 de abril de 2011

Diálogo 3.9


Lo que resulta realmente extraño es que a veces siento muy claramente que, simplemente, existo en un espacio sin pensamientos; sencillamente, “sé” que esto es Lo-Que-Es, que esto es el presente. Sin embargo, se mantiene una expectativa muy sutil de que tiene que haber algo más.

Sí, pero eso sigue siendo el fenómeno del embelesamiento aunque, como bien dices, sea algo sutil: la idea de que la Unidad se puede encontrar como parte del contenido de la consciencia o si uno se desliga de él. El recuerdo de nuestra verdadera naturaleza –o el surgimiento del “saber” innato- interrumpe inmediatamente la búsqueda dentro del contenido o neutraliza el motivo para escapar de él. Nuestra verdadera naturaleza es Unidad –no es ni exclusivamente contenido de consciencia ni exclusivamente consciencia- pero puede seguir produciéndose el juego de identificarse y dejarse de identificar con el personaje una y otra vez, por sutil que sea.
A menudo, se reconoce que nuestra verdadera naturaleza es Unidad pero el juego de la “espera”, que consiste en esperar a que se produzca el acontecimiento final, el evento final, se mantiene muy sutilmente. Cuando el “saber” innato se introduce en el guión, se revela un “desahogo”, esa “facilidad”. Es entonces cuando la búsqueda desaparece progresivamente y ese “esperar” tan sutil queda cada vez más socavado.

Por eso, da la sensación de que se trata de algo progresivo…

Por supuesto. La Conciencia mantiene en funcionamiento una infinita cantidad de posibilidades. Esa idea tradicional de que se limita al juego del “acontecimiento final” resulta algo anticuada. Como en el presente sólo existe lo que es, todo lo que suceda –incluida esa sensación de que se trata de algo progresivo- ya es eso de por sí.


Nathan Gill

lunes, 11 de abril de 2011

Diálogo 3.8


Pero, cuando se trata del presente, en realidad lo experimentamos, más que pensar en él…

El relato mental puede aparecer –o no- simultáneamente con otras imágenes, y puede haber pensamientos sobre esas imágenes, en lugar de sobre otras cosas que nos distraigan de ellas. Todos y cada uno de los pensamientos surgen en el presente, y muchos de ellos nos distraen del presente. Algunos de esos pensamientos sobre el presente constituye lo que se denomina “comprensión intelectual”, que es el reflejo del “saber” innato que surge en forma de pensamiento. Se nos recuerda nuestra verdadera naturaleza a base de pensamientos pero, como los pensamientos ( como parte del contenido de la consciencia) son fugaces –siempre aparecen y se van-, cuando surge un recordatorio –que denominamos “comprensión intelectual”- se puede volver a “olvidar”, es decir, ese recuerdo puede desaparecer; sin embargo, cuando se quita la máscara de los pensamientos, se percibe que ese “saber” innato es nuestra verdadera naturaleza, y ya no se necesitan pensamientos: el acto de comprender queda obsoleta.


Nathan Gill

jueves, 7 de abril de 2011

Diálogo 3.7


Entre otros personajes aparentes.

Sí, uno ya no se preocupa de plantear hipótesis, ni de si hay o no elección y todas esas cosas. En este “saber” innato, se vive una vida corriente. Por tanto, no es que se tenga que vivir necesariamente una dicha suprema aunque hay un “desahogo”, una “facilidad”. La búsqueda desaparece; desaparece la agitación que conlleva la búsqueda.

Entonces, ¿qué sentido tiene la vida?

La vida no tiene un sentido determinado: esta película de la vida es el pasatiempo cósmico. Esa pregunta surge desde el punto de vista del "yo", de la identificación con el personaje de la película. Al mantener la identificación con el personaje, también de mantiene una búsqueda constante de una razón de su existencia, de un sentido; parece que el sentido "supremo" de la vida es lo que suele denominarse el "Despertar": volver a despertar en la Unidad.
Pero la Unidad ya existe. Ese "estar despierto" ya existe plenamente y, cuando se deja de tomar en serio el relato mental, lo que hay en el presente es lo que es. No hay nada fuera del presente. Este personaje no tiene ni pasado ni futuro. Puede que el cuento se mantenga pero se deja de tomar en serio.

¿Es correcto decir entonces que los pensamientos siempre se refieren al pasado y al futuro?

También puede haber pensamientos sobre el presente.


Nathan Gill

miércoles, 6 de abril de 2011

Diálogo 3.6


Entonces, ¿no hay un proceso de elección?

En la película hay una elección aparente. Cuando alguien te pregunta: “¿Quieres un té?” y tú respondes: “Sí”… Si fuésemos capaces de desconectar un solo minuto la banda sonora de esta película, veríamos que ahí delante hay una persona y que, un minuto después, llega una taza de té y que, más tarde, se produce el acto de bebérselo. Lo que pasa es que a todo eso se le añade una banda sonora en la que se incluyen los pensamientos de si escojo tal o cual cosa, etc. Todo funciona con el piloto automático pero, aparentemente, existe un proceso de elección… que es la gracia del asunto.
Estando sencillamente presente, toda esa preocupación por las opciones desaparece. Cuando se produce la identificación con el personaje, todo este filosofar nos “distrae” del presente. Surgen pensamientos sobre qué hay que escoger, pensamientos que implican cierta distracción. Todo lo que surja dentro del contenido –ya sea una conversación acerca de las distintas opciones, pensamientos sobre esas opciones o cualquier otra cosa- es lo que tiene de entretenido esta película. Cuando tomamos conciencia de que esto es una película, desaparece por completo cualquier deseo de que algo de esto cambie. En ese momento, lo que hay es lo que es.

Simplemente existencia.

Sí, sin ninguna preocupación por nada de todo esto. Mientras existe ese identificarse y ese dejarse de identificar con el personaje, este tipo de conversaciones seguirá teniendo validez pero, cuando todo eso empieza a desaparecer –toda esa escenificación de la búsqueda- y se va “recordando” que nuestra verdadera naturaleza es Unidad, sencillamente, sólo existe “vivir en el presente”.


Nathan Gill

martes, 5 de abril de 2011

Diálogo 3.5


Por una parte, es como si yo hubiera escogido venir aquí hoy pero, al mismo tiempo, es como si supiera que eso ha sucedido por sí solo.

Todo sucede, simplemente. La película se proyecta sobre la pantalla, incluido el relato mental. Por eso, da la sensación de que existe un “yo” que escoge venir hoy aquí aunque, en realidad, no existe más que el suceso automático de llegar aquí hoy y el relato mental que se va produciendo también de forma automática. No hay un individuo ahí que esté pensando esos pensamientos: esos pensamientos simplemente surgen en la consciencia. Todo se constata en este momento: la consciencia está constatando el contenido de la consciencia. Si nos centramos en el relato mental, da la sensación de que se toman decisiones aunque, en realidad, todo eso es algo completamente espontáneo: todas estas cosas que aparecen en este momento no son nada.


Nathan Gill

domingo, 3 de abril de 2011

Diálogo 3.4


Aunque siento que el conocimiento se va desarrollando, sigo teniendo con frecuencia una sensación de separación.

No es muy frecuente que, al principio, haya una sensación de Unidad pero, a medida que se produce ese dejarse caer en el “saber” innato, esa sensación de estar confinado al cuerpo físico puede parecer difuminarse, de forma que sigue existiendo un cuerpo aquí pero ya no es “mío”. Así, la sensación de ser “yo” –este cuerpo- puede resultar más difusa.

Y ese proceso aparente de evolución puede resultar tan sutil que apenas se nota…

Si, de eso trata la película: de buscar, de asistir a conferencias, de leer libros. Por esa razón, la exclusiva identificación con el personaje ya está bastante socavada en el caso de la mayoría de los personajes que están en esta habitación.
No obstante, “ahí afuera”, “en el mundo” este mensaje sobre nuestra verdadera naturaleza no suele propagarse: no forma parte de la “vida cotidiana” en el guión de la película. Por tanto, en la representación teatral de la vida, tendemos a olvidarnos de nuestra verdadera naturaleza. Todos los personajes se comportan como individuos completamente inconscientes de que todos compartimos la misma identidad. Cuando se produce el recuerdo de nuestra verdadera naturaleza, no es difícil ver que todo –todas y cada una de las formas- son tú mismo. Sin embargo, se mantiene cierta apariencia de separación, de distanciamiento, de perspectiva, como un aspecto funcional para la representación teatral.


Nathan Gill

Diálogo 3.3


Pero ¿esas imágenes no tienen consistencia? Son tridimensionales.

Sí, se trata de una película multidimensional que se ve desde dentro y no como un espectador, desde fuera. Esto es la película. Si nos servimos de la analogía de que los personajes humanos son como las células del “cuerpo” de la Conciencia –es decir, que son distintos puntos de vista-, entonces podemos entender mejor que la Conciencia misma es la que está viendo esta película desde todos esos puntos de vista dentro de sí misma. La Conciencia es la película y se está viendo a sí misma y experimentando a sí misma desde la posición de cada uno de sus personajes.

Hace años, estrenaron una película de Woody Allen en la que uno de los personajes se salía de la película. No recuerdo el título pero puede que nosotros, en tanto que buscadores, estemos intentando hacer lo mismo.

Sí, sólo que fuera de la película no hay nada. No hay más que la película y el hecho actual de constatarla “desde dentro”: el hecho de constatarla y lo que se está constatando, es decir, Plenitud, Conciencia.

Sin ninguna necesidad de escaparse de ella.

No, ése es el objetivo de la espiritualidad tradicional: escaparse del hecho de autoidentificarse como el contenido de la consciencia.

Pero tampoco consiste en eso…

No, nuestra verdadera naturaleza es Plenitud con los aspectos simultáneos de consciencia y contenido de la consciencia.


Nathan Gill