Como la atención… eso sí que tiene un fuerte vínculo con el
“yo” porque da la sensación de que dirigimos la atención hacia donde
queremos, que dirigimos la atención por decisión propia.
Sí.
Pero se puede decir que “la atención sucede”.
Sí,
aunque también se podría utilizar otro término: digamos que se podría
usar la palabra “ver”. Hay veces que simplemente se “ve” y, en otras
ocasiones, vemos a través de los ojos del personaje.
¿Qué quieres decir exactamente?
En
realidad, sólo existe “ver” permanentemente pero, a veces, se produce
el juego de la identificación con el personaje, de forma que da la
sensación de que el personaje es el que ve, el que actúa, etc. Es lo que
se llama embelesamiento. Entonces, surge el pensamiento: “Estoy
viendo”, “Estoy haciendo autoindagación”, “Me estoy recordando a mí
mismo quién soy”. En cambio, en realidad sólo existe el hecho de ver, el
hecho de recordar.
Entonces, intentas hacer autoindagación o…
No,
“tú” no intentas nada. No existe ningún “tú” que haga nada.
Sencillamente, todo sucede. Ese “tú” –el “yo”- es un elemento más de lo
que sucede en el guión.
¡Qué gusto da recordarlo! ¡Y, además, qué sencillo! ¡De verdad! ¡Lo explicas como un científico! (Se ríen.)
Así
es como sale. Nathan no tiene capacidad de reclamar la autoría. Nathan
no es más que un elemento más que aparece, igual que “tú”.
Sí.
Igual
que todos estos personajes: todos somos exactamente lo mismo. Lo que
sucede es que la imagen llamada Nathan tiene como función decir todas
estas cosas.
Si todo lo que hay es Conciencia, si sólo hay Conciencia, entonces ¿por qué o para qué sigues buscando? Nathan Gill
domingo, 26 de febrero de 2012
Diálogo 6.8
El relato mental es muy absorbente: a una le apetece involucrarse en él…
Sí, el embelesamiento da la sensación de distraernos y de “apartarnos” del presente. Sin embargo, el presente es lo único que existe: cuando se reconoce ese hecho, el relato mental queda minado, queda desenmascarado.
Sí, desde luego. Tienes toda la razón. Ahora mismo, se siente el presente con mucha fuerza. Es algo que tiene una gran fuerza de atracción.
No es que haya una gran fuerza de atracción. No hay ninguna fuerza de atracción hacia nada. Sencillamente, es.
Vale, pues se produce claramente el reconocimiento.
Sí.
O el embelesamiento se difumina o algo así.
Sí, en momentos como éste, no hay embelesamiento.
Claro.
Ha desaparecido la máscara.
Exacto. Creo que eso es lo que pasa cuando participo en conversaciones como ésta, sobre todo en las reuniones que se extienden durante un día entero. El reconocimiento está muy presente.
Desde luego que sí.
Pero, entonces, surge también el pensamiento de que necesito estar a solas, de que quiero pasar tiempo en silencio.
Por supuesto. Está muy bien asistir a las reuniones y está muy bien pasar tiempo a solas o donde sea. El hecho de recordar es algo que sucede: no es algo que “tú” provoques.
Para “recordar”, no es necesaria ninguna circunstancia en particular.
No, la mayoría de veces surge como las mareas pero… a veces tengo incluso la sensación de que lo he fomentado.
Claro. Quizás, en tu guión, el personaje toma aparentemente la iniciativa de investigar sobre el “yo”, de hacer algún tipo de indagación o cualquier otra cosa que sirve de recordatorio. Pero sólo es algo aparente porque todo sucede de forma absolutamente espontánea. Sólo desde el punto de vista de ese “yo” se reclama la autoría de todo: “Yo estoy haciendo algo. Yo indago. Yo investigo el yo…”. En realidad, todo sucede, simplemente.
Sí, el embelesamiento da la sensación de distraernos y de “apartarnos” del presente. Sin embargo, el presente es lo único que existe: cuando se reconoce ese hecho, el relato mental queda minado, queda desenmascarado.
Sí, desde luego. Tienes toda la razón. Ahora mismo, se siente el presente con mucha fuerza. Es algo que tiene una gran fuerza de atracción.
No es que haya una gran fuerza de atracción. No hay ninguna fuerza de atracción hacia nada. Sencillamente, es.
Vale, pues se produce claramente el reconocimiento.
Sí.
O el embelesamiento se difumina o algo así.
Sí, en momentos como éste, no hay embelesamiento.
Claro.
Ha desaparecido la máscara.
Exacto. Creo que eso es lo que pasa cuando participo en conversaciones como ésta, sobre todo en las reuniones que se extienden durante un día entero. El reconocimiento está muy presente.
Desde luego que sí.
Pero, entonces, surge también el pensamiento de que necesito estar a solas, de que quiero pasar tiempo en silencio.
Por supuesto. Está muy bien asistir a las reuniones y está muy bien pasar tiempo a solas o donde sea. El hecho de recordar es algo que sucede: no es algo que “tú” provoques.
Para “recordar”, no es necesaria ninguna circunstancia en particular.
No, la mayoría de veces surge como las mareas pero… a veces tengo incluso la sensación de que lo he fomentado.
Claro. Quizás, en tu guión, el personaje toma aparentemente la iniciativa de investigar sobre el “yo”, de hacer algún tipo de indagación o cualquier otra cosa que sirve de recordatorio. Pero sólo es algo aparente porque todo sucede de forma absolutamente espontánea. Sólo desde el punto de vista de ese “yo” se reclama la autoría de todo: “Yo estoy haciendo algo. Yo indago. Yo investigo el yo…”. En realidad, todo sucede, simplemente.
Diálogo 6.7
Con respecto al asunto de la espera: es una trampa interesante que nunca que había parado a pensar.
Cualquier forma de espera implica que algo está aún por llegar, que algo sucederá en el futuro. Pero sólo existe el presente y es en él donde se desarrolla este juego de esperar. El presente ya existe: la consciencia y el contenido que aparece en este momento. Eso es innegable. El presente no requiere de nada. Es lo único que existe.
En mi opinión, es importante escuchar eso una y otra vez porque, a algunos, se nos olvida con facilidad. Estoy segura de que leerlo en un libro también es una buena forma de recordarlo.
Por supuesto. No hay ningún requisito de que se tenga que estar en compañía de un personaje determinado para que eso se pueda recordar. No es en absoluto necesario. Se puede recordar a través de un libro o de muchas otras formas.
Ajá, pues eso no pasa muy a menudo. ¿Conoces algún caso en el que haya sucedido?
Al parecer, con la interacción “en vivo”, por así decirlo, hay más posibilidades de que se desactiven esos juegos sutiles. En cambio, al leer un libro, es fácil montar una historia en torno al contenido. Resulta mucho más difícil inventarse una historia cuando se entra en una habitación donde hay un personaje y donde se plantean preguntas que van minándose una tras otra. En ese aspecto, la presencia viva de alguien no resulta muy “complaciente”.
Supongo que en eso consiste la “resonancia”: de alguna manera, se sintoniza con eso pero sin ser consciente de ello. Me imagino que debe de ser como el efecto diapasón.
Claro, por supuesto, pero tampoco hay que convertirlo en algo especial. Uno puede estar en sintonía con un libro o con un gamberro que está destrozando la marquesina de una parada de autobús… Y eso ya es suficiente: para que se produzca este “reconocimiento” no se requiere ninguna circunstancia especial.
Ya, ¡pero le queda a una tan claro cuando algo se lo recuerda constantemente!
El relato mental se va a minar sin cesar. Toda esa búsqueda –todo ese andar de aquí para allá intentando conseguirlo- es un cuento. Ahora mismo, ¿qué es lo que existe? ¿Qué relato mental nos puede dejar embelesados? No hay más que una sencilla habitación con dos personajes; la consciencia y su contenido surgen en este preciso instante. Ahora mismo, hay una consciencia que lo constata todo y aquello que se está constatando. Eso es el presente. Eso es la Unidad.
Cualquier forma de espera implica que algo está aún por llegar, que algo sucederá en el futuro. Pero sólo existe el presente y es en él donde se desarrolla este juego de esperar. El presente ya existe: la consciencia y el contenido que aparece en este momento. Eso es innegable. El presente no requiere de nada. Es lo único que existe.
En mi opinión, es importante escuchar eso una y otra vez porque, a algunos, se nos olvida con facilidad. Estoy segura de que leerlo en un libro también es una buena forma de recordarlo.
Por supuesto. No hay ningún requisito de que se tenga que estar en compañía de un personaje determinado para que eso se pueda recordar. No es en absoluto necesario. Se puede recordar a través de un libro o de muchas otras formas.
Ajá, pues eso no pasa muy a menudo. ¿Conoces algún caso en el que haya sucedido?
Al parecer, con la interacción “en vivo”, por así decirlo, hay más posibilidades de que se desactiven esos juegos sutiles. En cambio, al leer un libro, es fácil montar una historia en torno al contenido. Resulta mucho más difícil inventarse una historia cuando se entra en una habitación donde hay un personaje y donde se plantean preguntas que van minándose una tras otra. En ese aspecto, la presencia viva de alguien no resulta muy “complaciente”.
Supongo que en eso consiste la “resonancia”: de alguna manera, se sintoniza con eso pero sin ser consciente de ello. Me imagino que debe de ser como el efecto diapasón.
Claro, por supuesto, pero tampoco hay que convertirlo en algo especial. Uno puede estar en sintonía con un libro o con un gamberro que está destrozando la marquesina de una parada de autobús… Y eso ya es suficiente: para que se produzca este “reconocimiento” no se requiere ninguna circunstancia especial.
Ya, ¡pero le queda a una tan claro cuando algo se lo recuerda constantemente!
El relato mental se va a minar sin cesar. Toda esa búsqueda –todo ese andar de aquí para allá intentando conseguirlo- es un cuento. Ahora mismo, ¿qué es lo que existe? ¿Qué relato mental nos puede dejar embelesados? No hay más que una sencilla habitación con dos personajes; la consciencia y su contenido surgen en este preciso instante. Ahora mismo, hay una consciencia que lo constata todo y aquello que se está constatando. Eso es el presente. Eso es la Unidad.
Diálogo 6.6
Resulta muy
difícil entenderse con las palabras, ¿verdad? Es decir, intentas
expresarte lo más claramente posible y estoy segura de que, desde tu
punto de vista, es difícil. Sé que el lenguaje se queda escaso para todo
el mundo pero es que llega un momento en que una misma se da cuenta de
lo escaso que resulta.
Sí, muchos de los personajes que asisten a las reuniones son gente extremadamente aguda. Por eso, este mensaje tiene que ser lo más preciso posible. Divagar sobre “la verdad” y “la iluminación” ya no “cuela” hoy en día.
En cierto modo, es como si ya supiéramos demasiado. ¿Entiendes lo que te quiero decir? Es como si ya estuviera todo dicho. Hace años, todo esto resultaba novedoso pero, ahora, es como si no quedase nada que decir. ¡Es que no se puede explicar con más claridad!
Ya.
¡Ahora buscamos “lo más clarísimo”! ¡Qué barbaridad!
Es la naturaleza del juego de la búsqueda en la representación teatral de la vida: siempre se pasa por alto lo más sencillo y evidente para intentar encontrar algo más. Aquí hablamos de algo muy sencillo pero con una terminología muy precisa.
Exacto. Esta búsqueda de algo más no tiene fin. En Estados Unidos, se inventan neologismos con expresiones como: “They´re really laser” o “They´re really crisp”.
(Jerga norteamericana sin traducción al castellano. Equivaldría a decir: “Son un láser” o “Son cortantes”. N del T).
(Riéndose.) ¿De verdad? Nunca había oído esas expresiones.
Sí, muchos de los personajes que asisten a las reuniones son gente extremadamente aguda. Por eso, este mensaje tiene que ser lo más preciso posible. Divagar sobre “la verdad” y “la iluminación” ya no “cuela” hoy en día.
En cierto modo, es como si ya supiéramos demasiado. ¿Entiendes lo que te quiero decir? Es como si ya estuviera todo dicho. Hace años, todo esto resultaba novedoso pero, ahora, es como si no quedase nada que decir. ¡Es que no se puede explicar con más claridad!
Ya.
¡Ahora buscamos “lo más clarísimo”! ¡Qué barbaridad!
Es la naturaleza del juego de la búsqueda en la representación teatral de la vida: siempre se pasa por alto lo más sencillo y evidente para intentar encontrar algo más. Aquí hablamos de algo muy sencillo pero con una terminología muy precisa.
Exacto. Esta búsqueda de algo más no tiene fin. En Estados Unidos, se inventan neologismos con expresiones como: “They´re really laser” o “They´re really crisp”.
(Jerga norteamericana sin traducción al castellano. Equivaldría a decir: “Son un láser” o “Son cortantes”. N del T).
(Riéndose.) ¿De verdad? Nunca había oído esas expresiones.
Diálogo 6.5
He leído que, cuando estás buscando y esperando algo, el juego de la espera es “el último respiro”.
Puede ser pero, dentro de la película, el hecho de enterarse de esto y de aceptarlo constituye otro “jueguecito” sutil que nos distrae del presente.
Es la certificación del juego de buscar y esperar:”¡Claro! En este momento, estás metida en el juego de buscar y esperar”, aunque eso puede durar cinco semanas o cincuenta años.
¡Desde luego! ¡En mi caso serán cincuenta años! Y, para entonces, ya me habré muerto.
Ese interés por el juego de buscar y esperar es una distracción más. Es una forma sutil de esperar.
Puede ser pero, dentro de la película, el hecho de enterarse de esto y de aceptarlo constituye otro “jueguecito” sutil que nos distrae del presente.
Es la certificación del juego de buscar y esperar:”¡Claro! En este momento, estás metida en el juego de buscar y esperar”, aunque eso puede durar cinco semanas o cincuenta años.
¡Desde luego! ¡En mi caso serán cincuenta años! Y, para entonces, ya me habré muerto.
Ese interés por el juego de buscar y esperar es una distracción más. Es una forma sutil de esperar.
Diálogo 6.4
La parte que más me cuesta seguir es todo aquello que trata
sobre el “yo”. No acierto a ver en qué casos el “yo” se apodera de la
situación.
Nada se apodera de nada: sólo existe un juego de identificación y desidentificación. No existe más que la consciencia y su contenido, que brotan en el momento presente, aunque puede que se produzca el embelesamiento por el que el aspecto de la consciencia pasa desapercibido ya que se produce una identificación con el contenido.
Sigo pensando que debe de haber algo que yo pueda hacer para desgastar un poco más a ese “yo”.
Bueno, puede que, en este relato, aparezca cierta forma de indagación, una forma de “investigación del yo”, pero no serás “tú” quien lo haga.
De acuerdo. Dicho de otro modo, ¿aparece si le da por ahí? Hay momentos en los que no tengo la sensación de que vaya a aparecer.
Cuando surge es porque sucede. De eso va el cuento, ¿no crees? La Conciencia se manifiesta en forma de un personaje que se involucra en un juego que consiste en investigar el “yo” de alguna manera. Pero eso no reviste ninguna importancia en particular, aparte del hecho de participar en el cuento como personaje.
Simplemente se constata. Todo se constata, supongo, y ese hecho de constatar implica reconocer.
Sí, se ve la realidad de la película de la identificación con el personaje. Por eso no hay ni la más mínima necesidad de que nada cambie o desaparezca. El personaje sigue apareciendo como tal. No es que, de repente, desaparezcamos de esta película y aparezcamos en algún otro sitio como por arte de magia.
Yo no busco eso pero me imagino que lo que busco es tener las experiencias que otros dicen haber tenido.
Es que, dentro del relato, ése es el incentivo que lo mantiene, ¿no crees?
Ya, claro…
La Conciencia aparece en el momento presente en forma de todos y cada uno de los personajes y, cuando se habla o se escribe sobre esas experiencias, aparecen como un estímulo de distracción dentro del relato, como una “desconexión” del presente.
Nada se apodera de nada: sólo existe un juego de identificación y desidentificación. No existe más que la consciencia y su contenido, que brotan en el momento presente, aunque puede que se produzca el embelesamiento por el que el aspecto de la consciencia pasa desapercibido ya que se produce una identificación con el contenido.
Sigo pensando que debe de haber algo que yo pueda hacer para desgastar un poco más a ese “yo”.
Bueno, puede que, en este relato, aparezca cierta forma de indagación, una forma de “investigación del yo”, pero no serás “tú” quien lo haga.
De acuerdo. Dicho de otro modo, ¿aparece si le da por ahí? Hay momentos en los que no tengo la sensación de que vaya a aparecer.
Cuando surge es porque sucede. De eso va el cuento, ¿no crees? La Conciencia se manifiesta en forma de un personaje que se involucra en un juego que consiste en investigar el “yo” de alguna manera. Pero eso no reviste ninguna importancia en particular, aparte del hecho de participar en el cuento como personaje.
Simplemente se constata. Todo se constata, supongo, y ese hecho de constatar implica reconocer.
Sí, se ve la realidad de la película de la identificación con el personaje. Por eso no hay ni la más mínima necesidad de que nada cambie o desaparezca. El personaje sigue apareciendo como tal. No es que, de repente, desaparezcamos de esta película y aparezcamos en algún otro sitio como por arte de magia.
Yo no busco eso pero me imagino que lo que busco es tener las experiencias que otros dicen haber tenido.
Es que, dentro del relato, ése es el incentivo que lo mantiene, ¿no crees?
Ya, claro…
La Conciencia aparece en el momento presente en forma de todos y cada uno de los personajes y, cuando se habla o se escribe sobre esas experiencias, aparecen como un estímulo de distracción dentro del relato, como una “desconexión” del presente.
Diálogo 6.3
Los relatos
mentales más difíciles de sobrellevar son cuando piensas que te vas a
quedar atrapada, que vas a ser la única que no lo va a conseguir, la que
no lo va a ver.
El guión tiene puesto el piloto automático e incluye la aparición de todos esos miedos y de toda esa ansiedad por no conseguir ver. No es más que una indicación de que lo único que existe de por sí es “estar despierto”, la Unidad y, quizás, un relato que trata sobre la incapacidad de conseguirlo.
Ya… (Suspira.) Ya lo sé. (Se ríe.) ¿Podrías comentar un poco lo que mencionas en tu obra Claridad sobre el hecho de esperar a que se produzca una confirmación del “estar despierto”?
A las charlas asisten muchos personajes y se advierte ese juego sutil que consiste en esperar que algo aparezca de forma distinta, que se produzca algún tipo de “acontecimiento” o de experiencia de confirmación. Pero, ¿qué confirmación puede necesitar el presente? La consciencia y su contenido surgen en el momento presente: ¿qué confirmación puede necesitar eso? ¡Si no puede ser más evidente! Ahora bien, si el guión del personaje implica que se le recuerde de esta manera, así será.
El guión tiene puesto el piloto automático e incluye la aparición de todos esos miedos y de toda esa ansiedad por no conseguir ver. No es más que una indicación de que lo único que existe de por sí es “estar despierto”, la Unidad y, quizás, un relato que trata sobre la incapacidad de conseguirlo.
Ya… (Suspira.) Ya lo sé. (Se ríe.) ¿Podrías comentar un poco lo que mencionas en tu obra Claridad sobre el hecho de esperar a que se produzca una confirmación del “estar despierto”?
A las charlas asisten muchos personajes y se advierte ese juego sutil que consiste en esperar que algo aparezca de forma distinta, que se produzca algún tipo de “acontecimiento” o de experiencia de confirmación. Pero, ¿qué confirmación puede necesitar el presente? La consciencia y su contenido surgen en el momento presente: ¿qué confirmación puede necesitar eso? ¡Si no puede ser más evidente! Ahora bien, si el guión del personaje implica que se le recuerde de esta manera, así será.
Diálogo 6.2
En la última charla dijiste que, al parecer, la búsqueda se agota.
Quizás en algunos casos, pero no es condición sine qua non. La sensación de individualidad podría desaparecer de forma repentina y completa, pero eso no depende en absoluto de que se consuma o no la búsqueda.
¡Ah, qué bien! (Se ríen.)
Existen todas esas historias de que el personaje tiene que acabar exhausto, irse a vivir al desierto, atravesar la noche oscura del alma, y todo lo demás. Pero todo eso sólo es un cuento, un mito. Quizás suceda algo así o quizás no.
Ahora mismo, ya existe la consciencia de por sí, y su contenido, que surge en este momento presente, y puede que la atención y la concentración se centren en el relato mental que brota como parte del contenido, lo cual parece distraernos de ese sencillo reconocimiento de la consciencia y de su contenido… Pero no es más que un cuento. Desde siempre y permanentemente, lo único que hay es el presente.
Sí, eso se ve y eso también mina al “yo”, ¿verdad?
Sí, se ve que el “yo” es un cuento que brota como parte del contenido.
¿Puedo conformarme de momento con la idea de que existe un desarrollo aparente?
Bueno, eso es introducirse de nuevo en el relato del “yo”.
Ya… ¡Caramba! ¡Sí que resulta difícil no caer en él una y otra vez!
Esa lucha aparente forma parte del guión, del cuento, y sucede de forma automática. Puede continuar o desenmascararse como parte del guión de alguna manera: con un desmoronamiento repentino del “yo” o con la indagación del “yo”. De todas formas, nada de eso resulta necesario.
Quizás en algunos casos, pero no es condición sine qua non. La sensación de individualidad podría desaparecer de forma repentina y completa, pero eso no depende en absoluto de que se consuma o no la búsqueda.
¡Ah, qué bien! (Se ríen.)
Existen todas esas historias de que el personaje tiene que acabar exhausto, irse a vivir al desierto, atravesar la noche oscura del alma, y todo lo demás. Pero todo eso sólo es un cuento, un mito. Quizás suceda algo así o quizás no.
Ahora mismo, ya existe la consciencia de por sí, y su contenido, que surge en este momento presente, y puede que la atención y la concentración se centren en el relato mental que brota como parte del contenido, lo cual parece distraernos de ese sencillo reconocimiento de la consciencia y de su contenido… Pero no es más que un cuento. Desde siempre y permanentemente, lo único que hay es el presente.
Sí, eso se ve y eso también mina al “yo”, ¿verdad?
Sí, se ve que el “yo” es un cuento que brota como parte del contenido.
¿Puedo conformarme de momento con la idea de que existe un desarrollo aparente?
Bueno, eso es introducirse de nuevo en el relato del “yo”.
Ya… ¡Caramba! ¡Sí que resulta difícil no caer en él una y otra vez!
Esa lucha aparente forma parte del guión, del cuento, y sucede de forma automática. Puede continuar o desenmascararse como parte del guión de alguna manera: con un desmoronamiento repentino del “yo” o con la indagación del “yo”. De todas formas, nada de eso resulta necesario.
jueves, 23 de febrero de 2012
Diálogo 6.1 La mujer de la película de vaquero
Una de las cosas
principales de las que quería hablar es del hecho de que percibo esto y
la pregunta es: si realmente percibo esto, entonces, ¿por qué no lo
percibo? ¿Entiendes lo que quiero decir? De verdad que percibo la
consciencia y yo…
¿Quién la percibe realmente?
Se percibe.
Sí, se percibe.
Se percibe… a menudo. Bueno, no es que a menudo signifique la mitad del día ni nada por el estilo, pero sí con bastante frecuencia: se percibe esto.
Ya, o sea que podríamos decir que se recuerda y se olvida: hay identificación y desidentificación.
Sí, pero es que sucede tantas veces al día que una se plantea que, si se ve, ¿por qué no se queda?, ¿por qué se va?
¿A quién se le va? Cuando preguntas: “¿Por qué no se queda?”, automáticamente se vuelve a dar por sentada la existencia de un “yo” individual mientras que, cuando afirmas: “Se ve”, ese hecho de ver es tu verdadera naturaleza, ¿no?
Sí, claro, pero entonces surge el pensamiento de que tiene que haber algo más.
Claro, los pensamientos aparecen como parte del contenido y los pensamientos aparecen en forma de relato, ¿verdad? “Tiene que haber algo distinto”.
“Tiene que haber algo más”
Con todo el montaje de la “Iluminación” nos han hecho creer que debe producirse una experiencia maravillosa y fantástica.
O, aunque sea, sutil pero algo mejor que esto…
Sí, siempre se busca algo más de lo que ya existe… Es innegable que este tipo de experiencias, de acontecimientos, se producen, pero sólo se producen en esta consciencia que ya existe.
Ya…
No son más que una configuración distinta del contenido. Por tanto, ya existe la consciencia y su contenido, y en ese contenido actualmente surgen pensamientos: quizás, pensamientos referentes a una sutil insatisfacción con ese contenido, una sensación de que tendría que ser distinto en algo. Eso es el relato mental, la identificación con el relato mental: el embelesamiento.
Entonces… ¿se trata de constatar eso, básicamente?
“Tú” no puedes constatarlo pero puede constatarse.
Ya… No se puede controlar, ¿verdad?
No, todo surge por decisión suya.
¿Quién la percibe realmente?
Se percibe.
Sí, se percibe.
Se percibe… a menudo. Bueno, no es que a menudo signifique la mitad del día ni nada por el estilo, pero sí con bastante frecuencia: se percibe esto.
Ya, o sea que podríamos decir que se recuerda y se olvida: hay identificación y desidentificación.
Sí, pero es que sucede tantas veces al día que una se plantea que, si se ve, ¿por qué no se queda?, ¿por qué se va?
¿A quién se le va? Cuando preguntas: “¿Por qué no se queda?”, automáticamente se vuelve a dar por sentada la existencia de un “yo” individual mientras que, cuando afirmas: “Se ve”, ese hecho de ver es tu verdadera naturaleza, ¿no?
Sí, claro, pero entonces surge el pensamiento de que tiene que haber algo más.
Claro, los pensamientos aparecen como parte del contenido y los pensamientos aparecen en forma de relato, ¿verdad? “Tiene que haber algo distinto”.
“Tiene que haber algo más”
Con todo el montaje de la “Iluminación” nos han hecho creer que debe producirse una experiencia maravillosa y fantástica.
O, aunque sea, sutil pero algo mejor que esto…
Sí, siempre se busca algo más de lo que ya existe… Es innegable que este tipo de experiencias, de acontecimientos, se producen, pero sólo se producen en esta consciencia que ya existe.
Ya…
No son más que una configuración distinta del contenido. Por tanto, ya existe la consciencia y su contenido, y en ese contenido actualmente surgen pensamientos: quizás, pensamientos referentes a una sutil insatisfacción con ese contenido, una sensación de que tendría que ser distinto en algo. Eso es el relato mental, la identificación con el relato mental: el embelesamiento.
Entonces… ¿se trata de constatar eso, básicamente?
“Tú” no puedes constatarlo pero puede constatarse.
Ya… No se puede controlar, ¿verdad?
No, todo surge por decisión suya.
Diálogo 5.12
Pero, para que la película funcione, tiene que haber una
inmersión total en el guión o en el relato porque, si se está sólo a
medias, no va a funcionar.
No se trata de que la película funcione o deje de funcionar. Simplemente, todo existe tal y como es. Existe consciencia del contenido de la consciencia y sucede que el contenido de la consciencia es una película que trata de la búsqueda de la Plenitud: no es que la consciencia se esfuerce por olvidarse de sí misma, sino que el guión de la película –que la consciencia está contemplando- trata sobre el olvidar y el recordar.
Eso que comentas de la inmersión a medias puede ser una peculiaridad del guión de tu película, según la cual reconoces tu verdadera naturaleza aunque, sin embargo, dentro del guión, surgen unas escenas particularmente absorbentes (de placer o de sufrimiento); por eso, es como si el “yo” estuviera desmotivado o fuera incapaz de quitarse completamente la máscara.
En cierto modo sería como ver East Enders (Telenovela de la BBC de gran popularidad en el Reino Unido) desde todas las cámaras al mismo tiempo. Resultaría difícil tomárselo en serio.
Exactamente. Ésa es una buena forma de describir lo que sucede en una charla de este tipo: todas las cámaras están emitiendo.
Entonces, en la película, se desarrolla algo así como un proceso de descubrimiento del decorado, así como el hecho de percatarse de que se trata de un escenario con todo su atrezo.
Así es. Todo forma parte del decorado: todos los pensamientos, todos los sentimientos, todas las imágenes son el decorado.
¿Y nada en todo eso tiene ningún propósito?
No, la Conciencia aparece en forma de personajes que están charlando sobre ser conscientes de la consciencia. (Risas.)
¿Hay algo que para ti siga siendo un misterio?
Simplemente existe Lo-Que-Es. Todo es un misterio absoluto. Aquí (Refiriéndose a sí mismo) no se esconde ningún conocimiento oculto: sencillamente se contempla todo tal y como aparece. Igual que te sucede a ti. Lo que ocurre es que, en el caso de algunos personajes, se repite más el hecho de sumirse en el embelesamiento y salirse de él. Cuando se ve que todo es una película, todo sigue siendo un misterio y la vida puede continuar básicamente con el guión que siempre ha tenido, pero la ausencia de búsqueda implica un cierto “desahogo”, una cierta “facilidad”.
Ramana Maharshi se pasó cincuenta años sentado en un sofá.
¡Tal y como lo cuentas, parece muy tentador! (Todos ríen.)
Gracias a todos por vuestras excelentes preguntas de hoy, aparentando ser buscadores.
¡Es que eso no es difícil! (Más risas.)
Pero vuestro disfraz, no me lo creo.
Gracias por no darnos nada.
De nada.
No se trata de que la película funcione o deje de funcionar. Simplemente, todo existe tal y como es. Existe consciencia del contenido de la consciencia y sucede que el contenido de la consciencia es una película que trata de la búsqueda de la Plenitud: no es que la consciencia se esfuerce por olvidarse de sí misma, sino que el guión de la película –que la consciencia está contemplando- trata sobre el olvidar y el recordar.
Eso que comentas de la inmersión a medias puede ser una peculiaridad del guión de tu película, según la cual reconoces tu verdadera naturaleza aunque, sin embargo, dentro del guión, surgen unas escenas particularmente absorbentes (de placer o de sufrimiento); por eso, es como si el “yo” estuviera desmotivado o fuera incapaz de quitarse completamente la máscara.
En cierto modo sería como ver East Enders (Telenovela de la BBC de gran popularidad en el Reino Unido) desde todas las cámaras al mismo tiempo. Resultaría difícil tomárselo en serio.
Exactamente. Ésa es una buena forma de describir lo que sucede en una charla de este tipo: todas las cámaras están emitiendo.
Entonces, en la película, se desarrolla algo así como un proceso de descubrimiento del decorado, así como el hecho de percatarse de que se trata de un escenario con todo su atrezo.
Así es. Todo forma parte del decorado: todos los pensamientos, todos los sentimientos, todas las imágenes son el decorado.
¿Y nada en todo eso tiene ningún propósito?
No, la Conciencia aparece en forma de personajes que están charlando sobre ser conscientes de la consciencia. (Risas.)
¿Hay algo que para ti siga siendo un misterio?
Simplemente existe Lo-Que-Es. Todo es un misterio absoluto. Aquí (Refiriéndose a sí mismo) no se esconde ningún conocimiento oculto: sencillamente se contempla todo tal y como aparece. Igual que te sucede a ti. Lo que ocurre es que, en el caso de algunos personajes, se repite más el hecho de sumirse en el embelesamiento y salirse de él. Cuando se ve que todo es una película, todo sigue siendo un misterio y la vida puede continuar básicamente con el guión que siempre ha tenido, pero la ausencia de búsqueda implica un cierto “desahogo”, una cierta “facilidad”.
Ramana Maharshi se pasó cincuenta años sentado en un sofá.
¡Tal y como lo cuentas, parece muy tentador! (Todos ríen.)
Gracias a todos por vuestras excelentes preguntas de hoy, aparentando ser buscadores.
¡Es que eso no es difícil! (Más risas.)
Pero vuestro disfraz, no me lo creo.
Gracias por no darnos nada.
De nada.
martes, 27 de diciembre de 2011
Diálogo 5.11
Hay veces que estás tan absorto en la actividad que estás haciendo, que te olvidas completamente de ti mismo.
Sí, pero no es que tú estés absorto: sólo hay absorción.
Sin embargo, después, cuando sales de ese estado, por así decirlo, te acuerdas de que te has quedado absorto.
Porque reaparece el “yo”.
Entonces, supongo que se podría decir: “¡Quién estuviera absorto!”.
Sí, suele deberse a que ese ansiado despojarse del “yo” se manifiesta en forma de distracción, dentro de la película.
Somos justamente tal y como somos –eso es lo que tú dices- y el “yo” es parte íntegra de todo eso.
Sí, es un elemento natural del decorado. No hay ninguna necesidad de despojarse del “yo”, sencillamente se le quita la máscara.
Simplemente, se ve el “yo” tal y como es realmente.
Sí, se constata que la tensión producida por la identificación con el “yo” es lo que motiva la búsqueda de distracción o de escape. Pero, cuando se ve en qué consiste realmente el “yo”, el guión se vive en el presente. A veces puede resultar incómodo.
Y ese “sentirse incómodo” es lo que provoca toda esa sensación de: No quiero esto: quiero algo más. Quiero llegar de A a B”, es decir, el deseo de salirse de esto y de conseguir otra cosa.
Sí, surge la incomodidad y, cada vez que se asume el “yo” –“Estoy incómodo”-, el “yo” quiere salir, escaparse.
Pero no hay forma de escaparse.
No hay nadie para escaparse: no es más que una idea.
Pero ¿por qué la consciencia opta por olvidarse tan completamente de sí misma?
No hay absolutamente ninguna razón, de la misma forma que no hay ninguna razón para que se proyecte una imagen en la pantalla. Simplemente, está ahí: son una serie de imágenes que, aparentemente, constituyen un relato, pero no son más que una serie de imágenes encadenadas que aparecen en la consciencia.
Nathan Gill
Sí, pero no es que tú estés absorto: sólo hay absorción.
Sin embargo, después, cuando sales de ese estado, por así decirlo, te acuerdas de que te has quedado absorto.
Porque reaparece el “yo”.
Entonces, supongo que se podría decir: “¡Quién estuviera absorto!”.
Sí, suele deberse a que ese ansiado despojarse del “yo” se manifiesta en forma de distracción, dentro de la película.
Somos justamente tal y como somos –eso es lo que tú dices- y el “yo” es parte íntegra de todo eso.
Sí, es un elemento natural del decorado. No hay ninguna necesidad de despojarse del “yo”, sencillamente se le quita la máscara.
Simplemente, se ve el “yo” tal y como es realmente.
Sí, se constata que la tensión producida por la identificación con el “yo” es lo que motiva la búsqueda de distracción o de escape. Pero, cuando se ve en qué consiste realmente el “yo”, el guión se vive en el presente. A veces puede resultar incómodo.
Y ese “sentirse incómodo” es lo que provoca toda esa sensación de: No quiero esto: quiero algo más. Quiero llegar de A a B”, es decir, el deseo de salirse de esto y de conseguir otra cosa.
Sí, surge la incomodidad y, cada vez que se asume el “yo” –“Estoy incómodo”-, el “yo” quiere salir, escaparse.
Pero no hay forma de escaparse.
No hay nadie para escaparse: no es más que una idea.
Pero ¿por qué la consciencia opta por olvidarse tan completamente de sí misma?
No hay absolutamente ninguna razón, de la misma forma que no hay ninguna razón para que se proyecte una imagen en la pantalla. Simplemente, está ahí: son una serie de imágenes que, aparentemente, constituyen un relato, pero no son más que una serie de imágenes encadenadas que aparecen en la consciencia.
Nathan Gill
Diálogo 5.10
Ésa es su absoluta sencillez: consciencia y su contenido… consciencia
y contenido: los dos aspectos de la Unidad, de la Plenitud, del
presente, de Lo-Que-Es; y la búsqueda de un recordar permanente es lo
que constituye la obra de teatro.
Y nos creemos que eso es “ser consciente”.
Sí.
Resulta increíble cuando lees que todos los objetos que son aparentemente consistentes, en realidad, son básicamente espacio, energía… Pero eso es otra historia, ¿verdad?
Sí, es interesante pero la cualidad embelesadora de la película vuelve a prevalecer y uno se involucra en un relato de científicos y átomos.
Pero, desde dentro de la película, resulta fascinante que los videntes de la antigüedad fueran, supuestamente, capaces de ver lo que hoy en día están descubriendo nuestros científicos. Desde dentro de la película, es fascinante que, mil años después, se estén redescubriendo los mismos conocimientos, y uno se pregunta: “¿Cómo harían esos hombres para conseguir ver todo eso sin generadores de partículas?”.
Sí, es tan fascinante que pasa desapercibido que se trata de un cuento que surge en el momento presente; que toda esa “historia de la antigüedad” aparece en el presente en forma de un cuento que tiene la capacidad de embelesar. Hay una tendencia constante por fascinarse con la película y pasar por alto el hecho de que autodefinirse como el “yo” constituye la base de toda esta divagación.
Desde luego, pero hay cosas del contenido que resultan fascinantes.
Por supuesto, pero la naturaleza de esta escena de la película de la vida, hoy, aquí, consiste en que se te está recordando tu verdadera naturaleza, gracias a lo cual se puede desenmascarar el embelesamiento que produce el fascinante guión de la película.
Pero si se produce una distracción es porque eso es “lo que existe”. ¿Al fin y al cabo, la distracción no es como cualquier otra cosa?
Efectivamente, no es que sea necesario reconocer nuestra verdadera naturaleza pero aquí estamos hablando desde el contexto de la Unidad que se plasma con la forma de una habitación llena de personajes que buscan la Unidad, y por eso surge el tema de agotar la búsqueda. En una reunión como ésta, es como si apareciera un agujero en lo que solemos considerar “la realidad”. Podríamos distraernos poniéndonos a hablar de todo tipo de cosas fascinantes y pasamos así toda la tarde.
Y eso daría igual, ¿no?
Sí, daría igual, pero en cuanto salieras de aquí, de camino a casa, seguramente pensarías: “¡Menudo camelo de reunión!”. (Todos ríen.)
Nathan Gill
Y nos creemos que eso es “ser consciente”.
Sí.
Resulta increíble cuando lees que todos los objetos que son aparentemente consistentes, en realidad, son básicamente espacio, energía… Pero eso es otra historia, ¿verdad?
Sí, es interesante pero la cualidad embelesadora de la película vuelve a prevalecer y uno se involucra en un relato de científicos y átomos.
Pero, desde dentro de la película, resulta fascinante que los videntes de la antigüedad fueran, supuestamente, capaces de ver lo que hoy en día están descubriendo nuestros científicos. Desde dentro de la película, es fascinante que, mil años después, se estén redescubriendo los mismos conocimientos, y uno se pregunta: “¿Cómo harían esos hombres para conseguir ver todo eso sin generadores de partículas?”.
Sí, es tan fascinante que pasa desapercibido que se trata de un cuento que surge en el momento presente; que toda esa “historia de la antigüedad” aparece en el presente en forma de un cuento que tiene la capacidad de embelesar. Hay una tendencia constante por fascinarse con la película y pasar por alto el hecho de que autodefinirse como el “yo” constituye la base de toda esta divagación.
Desde luego, pero hay cosas del contenido que resultan fascinantes.
Por supuesto, pero la naturaleza de esta escena de la película de la vida, hoy, aquí, consiste en que se te está recordando tu verdadera naturaleza, gracias a lo cual se puede desenmascarar el embelesamiento que produce el fascinante guión de la película.
Pero si se produce una distracción es porque eso es “lo que existe”. ¿Al fin y al cabo, la distracción no es como cualquier otra cosa?
Efectivamente, no es que sea necesario reconocer nuestra verdadera naturaleza pero aquí estamos hablando desde el contexto de la Unidad que se plasma con la forma de una habitación llena de personajes que buscan la Unidad, y por eso surge el tema de agotar la búsqueda. En una reunión como ésta, es como si apareciera un agujero en lo que solemos considerar “la realidad”. Podríamos distraernos poniéndonos a hablar de todo tipo de cosas fascinantes y pasamos así toda la tarde.
Y eso daría igual, ¿no?
Sí, daría igual, pero en cuanto salieras de aquí, de camino a casa, seguramente pensarías: “¡Menudo camelo de reunión!”. (Todos ríen.)
Nathan Gill
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Diálogo 5.9
Entonces, si seguimos con la analogía de la pantalla de cine,
podríamos decir que puedes contemplar todos los problemas en esa
pantalla pero ya no son tuyos.
Exacto.
Lo que pasa es que, aunque se esté viendo una película, uno puede seguir empalizando e identificándose con lo que ve.
Te puedes involucrar completamente y, por esa razón, parece que son “tus” problemas.
O sea que es como si, cuando estás en el cine, te metes tanto en la película que te olvidas de ti mismo.
Si.
Te “metes” completamente en la película pero, a veces, puedes “salirte” mentalmente y pensar: “Acuérdate de que estás viendo una película”, como cuando alguien desenvuelve un caramelo o lo que sea, y el ruido del papel te saca de la película.
Así es, exactamente. ¡Eso es lo que está pasando hoy aquí, que has ido al cine y hay alguien que no para de hacer ruido desenvolviendo caramelos! (Todos ríen.)
Entonces, ¿cómo podemos acordarnos de hacer ruido desenvolviendo caramelos?
“Tú” no te puedes acordar. Ese “tú” es el embelesamiento que desaparece cuando se produce el ruido al desenvolver el caramelo y eso se introduce en la película del reconocimiento de tu verdadera naturaleza; en otras ocasiones, estás inmersa en ella. El hecho de desenvolver los caramelos sucede cuando sucede: no se puede escoger cuándo.
Supongo que la pregunta, en cierto modo, es: “¿Qué es lo que lo convierte en permanente?”.
Nada lo convierte en permanente.
Dentro de la película, la búsqueda de la “permanencia” se traduce en una agitación que parece impedir dicha permanencia. Ni tú ni nadie hace nada ahí: todo sucede espontáneamente.
¿Podemos reconocer nuestra propia naturaleza leyendo este mensaje en un libro o escuchándolo en una grabación a tres mil kilómetros de aquí?
Por supuesto, no hay ninguna necesidad de estar en la habitación en la que un personaje está diciendo todo esto, aunque puede dar la sensación de que eso constituye una ayuda. Con respecto a la película, no parece que la lectura de todos esos libros sobre la no dualidad, el advaita y demás, ofrezca tantas “ventajas” como el hecho de interactuar directamente con alguien. Desde el punto de vista del que está identificado con el personaje, el libro puede pasar a ser, perfectamente, un elemento más del relato del “yo” hasta el punto de pensar: “me he iluminado” o “He despertado”.
Sin embargo, cuando estamos en una habitación, en ese cine en el que se escucha el ruido de los envoltorios de los caramelos, no resulta fácil que pase a constituir un elemento más del relato como en el caso del libro porque, aquí, siempre se te recuerda tu verdadera naturaleza de forma directa. Se da la vuelta a todas las preguntas para apuntar hacia la Unidad, hacia el presente: las preguntas suelen incluir un componente del “yo” pero las respuestas que se obtienen no provienen de ese punto de vista. El hecho de apuntar hacia algo de forma directa e inmediata siempre consigue socavar al “yo”.
Nathan Gill
Exacto.
Lo que pasa es que, aunque se esté viendo una película, uno puede seguir empalizando e identificándose con lo que ve.
Te puedes involucrar completamente y, por esa razón, parece que son “tus” problemas.
O sea que es como si, cuando estás en el cine, te metes tanto en la película que te olvidas de ti mismo.
Si.
Te “metes” completamente en la película pero, a veces, puedes “salirte” mentalmente y pensar: “Acuérdate de que estás viendo una película”, como cuando alguien desenvuelve un caramelo o lo que sea, y el ruido del papel te saca de la película.
Así es, exactamente. ¡Eso es lo que está pasando hoy aquí, que has ido al cine y hay alguien que no para de hacer ruido desenvolviendo caramelos! (Todos ríen.)
Entonces, ¿cómo podemos acordarnos de hacer ruido desenvolviendo caramelos?
“Tú” no te puedes acordar. Ese “tú” es el embelesamiento que desaparece cuando se produce el ruido al desenvolver el caramelo y eso se introduce en la película del reconocimiento de tu verdadera naturaleza; en otras ocasiones, estás inmersa en ella. El hecho de desenvolver los caramelos sucede cuando sucede: no se puede escoger cuándo.
Supongo que la pregunta, en cierto modo, es: “¿Qué es lo que lo convierte en permanente?”.
Nada lo convierte en permanente.
Dentro de la película, la búsqueda de la “permanencia” se traduce en una agitación que parece impedir dicha permanencia. Ni tú ni nadie hace nada ahí: todo sucede espontáneamente.
¿Podemos reconocer nuestra propia naturaleza leyendo este mensaje en un libro o escuchándolo en una grabación a tres mil kilómetros de aquí?
Por supuesto, no hay ninguna necesidad de estar en la habitación en la que un personaje está diciendo todo esto, aunque puede dar la sensación de que eso constituye una ayuda. Con respecto a la película, no parece que la lectura de todos esos libros sobre la no dualidad, el advaita y demás, ofrezca tantas “ventajas” como el hecho de interactuar directamente con alguien. Desde el punto de vista del que está identificado con el personaje, el libro puede pasar a ser, perfectamente, un elemento más del relato del “yo” hasta el punto de pensar: “me he iluminado” o “He despertado”.
Sin embargo, cuando estamos en una habitación, en ese cine en el que se escucha el ruido de los envoltorios de los caramelos, no resulta fácil que pase a constituir un elemento más del relato como en el caso del libro porque, aquí, siempre se te recuerda tu verdadera naturaleza de forma directa. Se da la vuelta a todas las preguntas para apuntar hacia la Unidad, hacia el presente: las preguntas suelen incluir un componente del “yo” pero las respuestas que se obtienen no provienen de ese punto de vista. El hecho de apuntar hacia algo de forma directa e inmediata siempre consigue socavar al “yo”.
Nathan Gill
martes, 22 de noviembre de 2011
Diálogo 5.8
Mientras escucho esta charla, lo tengo todo claro: lo
reconozco y me siento genial. Pero, entonces, suena el teléfono o voy a
una cena y vuelvo a meterme en el “yo”. ¿Por qué no permanece la
claridad anterior? Sé que está aquí permanentemente pero los nubarrones
del “yo”, el “yo”, el “yo”… son densos y vienen muy rápido. Tanto tú
como otras personas decís que no es necesario realizar prácticas
espirituales. No es que yo realice ninguna práctica pero me lo estoy
planteando porque, la mayor parte del tiempo, me siento atrapada. ¿Hay
algo que funcione para que una pueda sentir su verdadera naturaleza?
No. (Todos ríen.)
Ese “yo” –ese pensamiento del “yo” que lleva a cuestas esos otros pensamientos de sacar a la luz tu verdadera naturaleza- es una película, una aparición en tu verdadera naturaleza. Aparentemente, esta película trata del reconocimiento de la Unidad, de abandonarse en el desahogo de la existencia que, de por sí, es lo único que existe pero que, simplemente, se reconoce por medio de esa película.
Te entiendo perfectamente, pero mi experiencia de la vida no acaba de coincidir con eso. Mi vida transcurre principalmente sumida en ese “olvido” y, a veces, las nubes se retiran durante un tiempo. Es cierto que muchas veces la luz recae sobre ese objeto autodenominado el “yo” pero, cuando salgo por ahí, mi verdadera naturaleza queda velada.
Ese recordar y olvidar es la película. Es posible que aflore el desahogo de si el “yo” existe o no. Cuando aparece, sencillamente queda desenmascarado: ya no se le toma en serio.
Entonces, cuando surge, te paras y te quedas mirándolo.
Puede que suceda eso como parte del guión.
¿Es algo natural, como la autoindagación, que se produce de forma natural?
Sí, como todo, sucede de forma natural, de forma espontánea. Puede que suceda algo denominado “autoindagación” o “investigación del yo” pero no existe un sujeto que se indague o investigue.
Cuando este mensaje empieza a introducirse en el guión de la película, la búsqueda comienza a diluirse y se siente alivio y desahogo, pero no hay una respuesta a los problemas aparentes que se plantean en el guión. Mientras se asuma que tu naturaleza es ese “yo”, se intentará afrontar los problemas y solucionarlos –y por cada problema que se solucione surgirá otro nuevo-. La verdadera paz o el verdadero alivio sólo se revela cuando empieza a aflorar el reconocimiento de tu verdadera naturaleza porque, aunque siga habiendo “problemas”, ya no te identificas con ellos.
Nathan Gill
No. (Todos ríen.)
Ese “yo” –ese pensamiento del “yo” que lleva a cuestas esos otros pensamientos de sacar a la luz tu verdadera naturaleza- es una película, una aparición en tu verdadera naturaleza. Aparentemente, esta película trata del reconocimiento de la Unidad, de abandonarse en el desahogo de la existencia que, de por sí, es lo único que existe pero que, simplemente, se reconoce por medio de esa película.
Te entiendo perfectamente, pero mi experiencia de la vida no acaba de coincidir con eso. Mi vida transcurre principalmente sumida en ese “olvido” y, a veces, las nubes se retiran durante un tiempo. Es cierto que muchas veces la luz recae sobre ese objeto autodenominado el “yo” pero, cuando salgo por ahí, mi verdadera naturaleza queda velada.
Ese recordar y olvidar es la película. Es posible que aflore el desahogo de si el “yo” existe o no. Cuando aparece, sencillamente queda desenmascarado: ya no se le toma en serio.
Entonces, cuando surge, te paras y te quedas mirándolo.
Puede que suceda eso como parte del guión.
¿Es algo natural, como la autoindagación, que se produce de forma natural?
Sí, como todo, sucede de forma natural, de forma espontánea. Puede que suceda algo denominado “autoindagación” o “investigación del yo” pero no existe un sujeto que se indague o investigue.
Cuando este mensaje empieza a introducirse en el guión de la película, la búsqueda comienza a diluirse y se siente alivio y desahogo, pero no hay una respuesta a los problemas aparentes que se plantean en el guión. Mientras se asuma que tu naturaleza es ese “yo”, se intentará afrontar los problemas y solucionarlos –y por cada problema que se solucione surgirá otro nuevo-. La verdadera paz o el verdadero alivio sólo se revela cuando empieza a aflorar el reconocimiento de tu verdadera naturaleza porque, aunque siga habiendo “problemas”, ya no te identificas con ellos.
Nathan Gill
Diálogo 5.7
Después de la liberación...
La liberación no existe. (Todos ríen)
Después de tomar conciencia de nuestra verdadera naturaleza, tú...
Siempre es el presente. No hay ni un "antes" ni un "después": siempre es el presente. Por tanto diremos: "En el reconocimiento presente de nuestra verdadera naturaleza".
En el reconocimiento presente de nuestra verdadera naturaleza… (Más risas)
Fíjate en la sutilidad con la que surge el lenguaje hablado en calidad de extensión del pensamiento proyectado hacia fuera.
…Y como nos mantiene atrapados.
No hay nada que pueda mantenerte atrapado. Tu verdadera naturaleza es Unidad. La Unidad nunca está atrapada, pero los pensamientos y el lenguaje hablado aparentan fomentar sutilmente la inmersión en el guión: el embelesamiento.
Nathan Gill
La liberación no existe. (Todos ríen)
Después de tomar conciencia de nuestra verdadera naturaleza, tú...
Siempre es el presente. No hay ni un "antes" ni un "después": siempre es el presente. Por tanto diremos: "En el reconocimiento presente de nuestra verdadera naturaleza".
En el reconocimiento presente de nuestra verdadera naturaleza… (Más risas)
Fíjate en la sutilidad con la que surge el lenguaje hablado en calidad de extensión del pensamiento proyectado hacia fuera.
…Y como nos mantiene atrapados.
No hay nada que pueda mantenerte atrapado. Tu verdadera naturaleza es Unidad. La Unidad nunca está atrapada, pero los pensamientos y el lenguaje hablado aparentan fomentar sutilmente la inmersión en el guión: el embelesamiento.
Nathan Gill
Diálogo 5.6
Hablamos de “consciencia” pero eso también es un concepto, obviamente.
Ahora mismo, hay consciencia: existe el hecho de constatar que hay una pared, un cuerpo, un pensamiento. A ese “constatar” se refiere el concepto de “consciencia”. Como la consciencia no tiene ninguna cualidad, pasa desapercibida. La consciencia es lo que ahora mismo esta mirando y aquello que está constatando: el aspecto de consciencia de tu verdadera naturaleza. Ese hecho de constatar y aquello que se constata no son conceptos: están en el presente, son evidentes. Recurrir al pensamiento, por tanto, no es necesario.
Entonces, ¿es casi como crear el hábito de observar al “yo”?
Como parte de la película, puede que se establezca el “hábito” de observar al “yo” pero, evidentemente, en el guión, el desarrollo de ese hábito no es más que el reconocimiento de que tu verdadera naturaleza es Plenitud que se introduce de esa manera en el guión: con la forma de un relato en el que hay un personaje que observa algo.
¿Y tú lo revistes de un cuento?
“Tú” eres el cuento.
Nathan Gill
Ahora mismo, hay consciencia: existe el hecho de constatar que hay una pared, un cuerpo, un pensamiento. A ese “constatar” se refiere el concepto de “consciencia”. Como la consciencia no tiene ninguna cualidad, pasa desapercibida. La consciencia es lo que ahora mismo esta mirando y aquello que está constatando: el aspecto de consciencia de tu verdadera naturaleza. Ese hecho de constatar y aquello que se constata no son conceptos: están en el presente, son evidentes. Recurrir al pensamiento, por tanto, no es necesario.
Entonces, ¿es casi como crear el hábito de observar al “yo”?
Como parte de la película, puede que se establezca el “hábito” de observar al “yo” pero, evidentemente, en el guión, el desarrollo de ese hábito no es más que el reconocimiento de que tu verdadera naturaleza es Plenitud que se introduce de esa manera en el guión: con la forma de un relato en el que hay un personaje que observa algo.
¿Y tú lo revistes de un cuento?
“Tú” eres el cuento.
Nathan Gill
Diálogo 5.5
Cuando dices: “Las cosas simplemente suceden”, a mí me da la
sensación de que le pasan a “alguien” y también de que, en cierto modo,
juego un papel decisivo en cosas como, por ejemplo, coger el coche y
conducir. Ahí se siente claramente un “yo”.
Sí, esa clara sensación del “yo” es el sentido funcional de la existencia que surge a diario en conjunción con la ubicación del cuerpo con el fin de que nos podamos desenvolver en la vida cotidiana de la película. El “yo” del que solemos hablar aquí es el pensamiento del “yo” que, al asumirse como propio, constituye la base de la autoconciencia psicológica que es, a su vez, el relato de una vida que se prolonga en el pensamiento, en el tiempo.
A veces sí que lo “veo” así.
Sí, ese “ver” puede ir y venir: es probable que el “yo” siga apareciendo y desapareciendo porque ésa es la naturaleza del guión de la vida. El “yo” puede desaparecer completamente o, simplemente, quedar desenmascarado: todo eso es la película.
Como parte del guión, puede haber un impulso por investigar ese “yo”: entonces, se observa que no es más que un pensamiento, una idea; que la vida de ese personaje que parece prolongarse en el tiempo, en realidad, no existe fuera del momento presente. El presente –o la presencia- es tanto la consciencia como su contenido.
Nathan Gill
Sí, esa clara sensación del “yo” es el sentido funcional de la existencia que surge a diario en conjunción con la ubicación del cuerpo con el fin de que nos podamos desenvolver en la vida cotidiana de la película. El “yo” del que solemos hablar aquí es el pensamiento del “yo” que, al asumirse como propio, constituye la base de la autoconciencia psicológica que es, a su vez, el relato de una vida que se prolonga en el pensamiento, en el tiempo.
A veces sí que lo “veo” así.
Sí, ese “ver” puede ir y venir: es probable que el “yo” siga apareciendo y desapareciendo porque ésa es la naturaleza del guión de la vida. El “yo” puede desaparecer completamente o, simplemente, quedar desenmascarado: todo eso es la película.
Como parte del guión, puede haber un impulso por investigar ese “yo”: entonces, se observa que no es más que un pensamiento, una idea; que la vida de ese personaje que parece prolongarse en el tiempo, en realidad, no existe fuera del momento presente. El presente –o la presencia- es tanto la consciencia como su contenido.
Nathan Gill
domingo, 20 de noviembre de 2011
Diálogo 5.4
Para ti, ¿qué diferencia hay entre cuando tienes
pensamientos, cuando hay pensamientos y cuando yo tengo pensamientos?,
¿los ves como objetos?
Aparecen exactamente igual. Sin embargo, al verlos objetivamente, como parte del paisaje, su mensaje deja de tomarse en serio: no son más que un cuento y han perdido su capacidad de embelesar.
¿Es decir que no los ves como algo “tuyo”?
Ese “yo” que los reclamaría como “míos” también forma parte del paisaje. Sólo existe una consciencia abierta en la que aparecen y desaparecen todas las imágenes. Igual que te pasa a ti.
Es decir que, para ti, no existe ni “dentro” ni “fuera”.
Para “ti” tampoco existen “dentro” y “fuera”.
Pero a mí si que me lo parece.
Pero sólo te lo parece. Cuando se les quita la máscara a los pensamientos, incluido el pensamiento del “yo”, el guión de la película se vive con normalidad, de forma que ya no hay preocupación de si hay un “dentro” y un “fuera”, y todo lo demás.
No hay más que presencia y el guión que se va desarrollando, pero ya no hay embelesamiento, ya no se toma en serio.
Nathan Gill
Aparecen exactamente igual. Sin embargo, al verlos objetivamente, como parte del paisaje, su mensaje deja de tomarse en serio: no son más que un cuento y han perdido su capacidad de embelesar.
¿Es decir que no los ves como algo “tuyo”?
Ese “yo” que los reclamaría como “míos” también forma parte del paisaje. Sólo existe una consciencia abierta en la que aparecen y desaparecen todas las imágenes. Igual que te pasa a ti.
Es decir que, para ti, no existe ni “dentro” ni “fuera”.
Para “ti” tampoco existen “dentro” y “fuera”.
Pero a mí si que me lo parece.
Pero sólo te lo parece. Cuando se les quita la máscara a los pensamientos, incluido el pensamiento del “yo”, el guión de la película se vive con normalidad, de forma que ya no hay preocupación de si hay un “dentro” y un “fuera”, y todo lo demás.
No hay más que presencia y el guión que se va desarrollando, pero ya no hay embelesamiento, ya no se toma en serio.
Nathan Gill
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Diálogo 5.3
¿De verdad que los pensamientos no son más que flores en el jardín?
Sí, sólo son elementos del paisaje.
No son más que atributos de ese órgano que llamamos cerebro.
No, no. Ninguna imagen provoca que aparezca otra. Eso se da por sentado en el guión de la película.
Entonces, ¿el hecho de que broten pensamientos es un misterio absoluto?
Sí, como todo: es un misterio absoluto.
Sin embargo, solemos considerar que los pensamientos se encuentran “dentro” mientras que un árbol está “fuera”.
Al adoptar el pensamiento del “yo” como algo propio y convertir los demás pensamientos en “míos”, los pensamientos se perciben como algo intrínseco a la imagen de ese cuerpo y tenemos la sensación de que están “dentro”, en vez de percibirlos como un elemento del paisaje –como en el caso del árbol-.
Pero, si el pensamiento del “yo” y los demás pensamientos se ven objetivamente –igual que se ve el árbol-, ya no parece que los pensamientos estén “dentro”. ¿Dentro de qué? “Tú” no eres sólo un cuerpo. Tu verdadera naturaleza es la Unidad: nada y todo, consciencia y contenido, en los que se incluyen este cuerpo y todos los cuerpos, todas las imágenes, los pensamientos, las sensaciones… “Fuera” y “dentro” no existen. Todo aparece en el presente sobre la pantalla de la consciencia.
Nathan Gill
Sí, sólo son elementos del paisaje.
No son más que atributos de ese órgano que llamamos cerebro.
No, no. Ninguna imagen provoca que aparezca otra. Eso se da por sentado en el guión de la película.
Entonces, ¿el hecho de que broten pensamientos es un misterio absoluto?
Sí, como todo: es un misterio absoluto.
Sin embargo, solemos considerar que los pensamientos se encuentran “dentro” mientras que un árbol está “fuera”.
Al adoptar el pensamiento del “yo” como algo propio y convertir los demás pensamientos en “míos”, los pensamientos se perciben como algo intrínseco a la imagen de ese cuerpo y tenemos la sensación de que están “dentro”, en vez de percibirlos como un elemento del paisaje –como en el caso del árbol-.
Pero, si el pensamiento del “yo” y los demás pensamientos se ven objetivamente –igual que se ve el árbol-, ya no parece que los pensamientos estén “dentro”. ¿Dentro de qué? “Tú” no eres sólo un cuerpo. Tu verdadera naturaleza es la Unidad: nada y todo, consciencia y contenido, en los que se incluyen este cuerpo y todos los cuerpos, todas las imágenes, los pensamientos, las sensaciones… “Fuera” y “dentro” no existen. Todo aparece en el presente sobre la pantalla de la consciencia.
Nathan Gill
martes, 15 de noviembre de 2011
Diálogo 5.2
¿La comprensión intelectual de que “Lo único que existe es lo
que se está manifestando ahora mismo en la consciencia” no podría ser
una idea, una teoría, una opinión, una creencia o una fe, por así
decirlo, porque se vivencia ese “saber” innato?
Ese “saber” innato, que es nuestra verdadera naturaleza y que, inicialmente, se introduce en el guión en forma de reflejo en los pensamientos, es lo que llamamos comprensión. La comprensión intelectual es un proceso aparente del guión de la vida mientras que “saber” es esto, aquello donde y en forma de lo cual se plasma el guión. “Saber” es Unidad, libre de cualquier necesidad de conceptos y de significados.
Aquí, en este binomio cuerpo-mente, hay algo que está cada vez más convencido de que eso es así, algo que lo “experimenta”. Sin embargo, también hay algo que dice: “Puede que te estén lavando el cerebro porque te interesan mucho estos temas”.
Esa duda se desmorona cuando se está en el presente, con sus dos aspectos de consciencia y de su contenido brotando en el momento presente, que no pueden refutarse. Además, no se necesita que se crea en ellos. Cuando la atención deja de centrarse en lo que se comprende y en las creencias –todo lo cual forma parte del proceso del embelesamiento con el contenido-, lo que hay es descanso en forma de presente: lo único que existe, en realidad, en todo momento aunque, sencillamente, pasa desapercibido.
Puede que se perciba que hay consciencia, que toda esta identificación con el “yo”, que embelesa, se da porque el contenido aparece en la consciencia en este momento. Hay consciencia, ahora mismo, y su contenido surge integra y simultáneamente con ella: no requiere que se crea en nada particular.
De acuerdo. Por tanto, un pensamiento como: “Quizás existe el alma o algún tipo de desarrollo personal, algún tipo de evolución espiritual” equivale a pensar algo como: “No sé si he dejado puesto el freno de mano en el coche”.
Sí, con la salvedad de que el pensamiento: “No sé si he dejado puesto el freno de mano en el coche” es un poco más útil que el otro pensamiento porque ¡te puede llevar a comprobarlo antes de que tu coche se estrelle con el que está aparcado delante! (Todos ríen.)
Nathan Gill
Ese “saber” innato, que es nuestra verdadera naturaleza y que, inicialmente, se introduce en el guión en forma de reflejo en los pensamientos, es lo que llamamos comprensión. La comprensión intelectual es un proceso aparente del guión de la vida mientras que “saber” es esto, aquello donde y en forma de lo cual se plasma el guión. “Saber” es Unidad, libre de cualquier necesidad de conceptos y de significados.
Aquí, en este binomio cuerpo-mente, hay algo que está cada vez más convencido de que eso es así, algo que lo “experimenta”. Sin embargo, también hay algo que dice: “Puede que te estén lavando el cerebro porque te interesan mucho estos temas”.
Esa duda se desmorona cuando se está en el presente, con sus dos aspectos de consciencia y de su contenido brotando en el momento presente, que no pueden refutarse. Además, no se necesita que se crea en ellos. Cuando la atención deja de centrarse en lo que se comprende y en las creencias –todo lo cual forma parte del proceso del embelesamiento con el contenido-, lo que hay es descanso en forma de presente: lo único que existe, en realidad, en todo momento aunque, sencillamente, pasa desapercibido.
Puede que se perciba que hay consciencia, que toda esta identificación con el “yo”, que embelesa, se da porque el contenido aparece en la consciencia en este momento. Hay consciencia, ahora mismo, y su contenido surge integra y simultáneamente con ella: no requiere que se crea en nada particular.
De acuerdo. Por tanto, un pensamiento como: “Quizás existe el alma o algún tipo de desarrollo personal, algún tipo de evolución espiritual” equivale a pensar algo como: “No sé si he dejado puesto el freno de mano en el coche”.
Sí, con la salvedad de que el pensamiento: “No sé si he dejado puesto el freno de mano en el coche” es un poco más útil que el otro pensamiento porque ¡te puede llevar a comprobarlo antes de que tu coche se estrelle con el que está aparcado delante! (Todos ríen.)
Nathan Gill
Diálogo 5.1 Julio. East Sutton (Kent). Retiro de un día
Cuando hablas, suceden otras cosas. Se producen espacios
entre las palabras. Siento una espaciosidad que se apodera de mí, y me
resulta difícil fijarme en lo que dices. Tiendo a pensar que mi
verdadera naturaleza es esa quietud pero ¿y si sólo es una experiencia
más?
En ausencia del “yo” hay quietud. Entonces, reaparece el “yo” y proclama que él ha tenido una experiencia de quietud. En realidad, lo único que existe es el hecho de experimentar, de saber, de ver, lo cual es “quietud”, aunque también lo es la aparición del “yo” como parte del decorado de la obra teatral de la vida.
Por tanto, la quietud no es una experiencia pero tampoco es otra cosa. Sólo existe el hecho de experimentar –sin ningún sujeto que lo experimente- lo cual equivale, sencillamente, a “lo que es”, y ello incluye también cualquier aparición que haga el “yo” con su configuración actual.
Pero uno tiende a querer quedarse en esa espaciosidad.
Sí, pero también puede suceder que, cuando uno se da cuenta de que surge ese deseo de quedarse ahí, el “yo” ya se haya recuperado en lugar de seguir desenmascarado.
Nathan Gill
En ausencia del “yo” hay quietud. Entonces, reaparece el “yo” y proclama que él ha tenido una experiencia de quietud. En realidad, lo único que existe es el hecho de experimentar, de saber, de ver, lo cual es “quietud”, aunque también lo es la aparición del “yo” como parte del decorado de la obra teatral de la vida.
Por tanto, la quietud no es una experiencia pero tampoco es otra cosa. Sólo existe el hecho de experimentar –sin ningún sujeto que lo experimente- lo cual equivale, sencillamente, a “lo que es”, y ello incluye también cualquier aparición que haga el “yo” con su configuración actual.
Pero uno tiende a querer quedarse en esa espaciosidad.
Sí, pero también puede suceder que, cuando uno se da cuenta de que surge ese deseo de quedarse ahí, el “yo” ya se haya recuperado en lugar de seguir desenmascarado.
jueves, 10 de noviembre de 2011
Diálogo 4.5
Parece más fácil ver objetivamente los demás pensamientos. Sin
embargo, el “yo” parece algo aparte, algo consistente, y da la sensación de que
se mantiene firme. Llevo años pensando en la Iluminación instantánea,
en que algo va a hacer “click” y ya lo habré conseguido. Sé que tú dices que no
se le puede quitar la máscara de golpe al “yo” pero, cuando dices que también
puede ocurrir de forma progresiva, me quedo más tranquila. Tengo la sensación
de que, si va a pasar inmediatamente, podré hacer algo para que suceda.
Sí.
Desde que se le ha abierto la puerta a esa “introducción”
progresiva, me gusta mirar libros de otros temas en las librerías, más allá de
los que están en la sección “espiritualidad”. Me gusta poder estar lo
suficientemente relajada como para interesarme por otras cosas como novelas,
artesanía y aficiones. Por tanto, si sigue habiendo un “yo”, creo que lo voy a
dejar tranquilo y voy a dejar que se produzca ese “desenmascaramiento
progresivo”.
Nathan Gill
martes, 25 de octubre de 2011
Diálogo 4.4
¿Cómo se consigue reconocer que eso es lo que tú eres y no
ese “yo”? el pensamiento del “yo” no puede conseguirlo. Supongo que
lleva tiempo intentándolo…
Claro, el “yo” no puede hacerlo porque el “yo” es lo que queda desenmascarado. Lo único que se puede decir es que, como parte del guión de la vida, el embelesamiento con el relato mental se desenmascara de forma progresiva –o repentina-.
Entonces, en el guión, ¿yo he sido un “yo” que intenta desenmascararlo?
Ese “yo” que intenta desenmascararlo, en realidad, forma parte del relato: eso es el embelesamiento. Eso es lo que se está describiendo aquí, en este momento: el final –o el desenmascaramiento- del embelesamiento.
Ya… y que no te pongas a buscarlo…
Es que no hay opciones. El guión tiene el piloto automático. Todo sucede de forma automática: la identificación con el personaje, la dedicación a la búsqueda y quizás, la aparición del reconocimiento de la Unidad en el guión.
Entonces, aunque yo crea que soy el “yo” y me digan que lo que existe es la Unidad y que ésa es mi naturaleza, ¿no puedo hacer nada para darme cuenta?
No, porque ese “yo” que se ha adoptado, el hecho de centrarse de forma exclusiva en el aspecto del contenido de la Unidad –o contenido de la consciencia-, es lo que queda desenmascarado. El reconocimiento se introduce en el guión pero no es el “yo” el que lo reconoce.
O sea que se va introduciendo sin que yo tenga que esforzarme lo más mínimo por intentar comprenderlo, porque ello implicaría prolongar el pensamiento de que soy un “yo” que puede hacer algo.
Sí, en el guión parece reforzar al “yo”. Claro que siempre puede haber un esfuerzo aparente…
Me estoy dando cuenta en este momento de que soy el “yo” pero no hace falta que le añada nada, es decir, que él no necesita que se le añada nada.
Exactamente.
De acuerdo. Por tanto, si sucede algo que dé la sensación de disminuir a ese “yo”, sucederá por sí solo, no como consecuencia de que “yo” haga nada al respecto.
Efectivamente pero, desde dentro del guión, puede seguir pareciendo que existe un “yo” que hace algo para conseguir ese fin.
Nathan Gill
(Ya estás despierto)
Claro, el “yo” no puede hacerlo porque el “yo” es lo que queda desenmascarado. Lo único que se puede decir es que, como parte del guión de la vida, el embelesamiento con el relato mental se desenmascara de forma progresiva –o repentina-.
Entonces, en el guión, ¿yo he sido un “yo” que intenta desenmascararlo?
Ese “yo” que intenta desenmascararlo, en realidad, forma parte del relato: eso es el embelesamiento. Eso es lo que se está describiendo aquí, en este momento: el final –o el desenmascaramiento- del embelesamiento.
Ya… y que no te pongas a buscarlo…
Es que no hay opciones. El guión tiene el piloto automático. Todo sucede de forma automática: la identificación con el personaje, la dedicación a la búsqueda y quizás, la aparición del reconocimiento de la Unidad en el guión.
Entonces, aunque yo crea que soy el “yo” y me digan que lo que existe es la Unidad y que ésa es mi naturaleza, ¿no puedo hacer nada para darme cuenta?
No, porque ese “yo” que se ha adoptado, el hecho de centrarse de forma exclusiva en el aspecto del contenido de la Unidad –o contenido de la consciencia-, es lo que queda desenmascarado. El reconocimiento se introduce en el guión pero no es el “yo” el que lo reconoce.
O sea que se va introduciendo sin que yo tenga que esforzarme lo más mínimo por intentar comprenderlo, porque ello implicaría prolongar el pensamiento de que soy un “yo” que puede hacer algo.
Sí, en el guión parece reforzar al “yo”. Claro que siempre puede haber un esfuerzo aparente…
Me estoy dando cuenta en este momento de que soy el “yo” pero no hace falta que le añada nada, es decir, que él no necesita que se le añada nada.
Exactamente.
De acuerdo. Por tanto, si sucede algo que dé la sensación de disminuir a ese “yo”, sucederá por sí solo, no como consecuencia de que “yo” haga nada al respecto.
Efectivamente pero, desde dentro del guión, puede seguir pareciendo que existe un “yo” que hace algo para conseguir ese fin.
Nathan Gill
(Ya estás despierto)
sábado, 22 de octubre de 2011
Diálogo 4.3
No, no… Por tanto, no hay ningún problema con que brote el
pensamiento del “yo”: como bien dices, forma parte del decorado. Sin
embargo, lo pasamos por alto y el relato parece real.
Exacto.
El pensamiento del “yo” no es el problema sino el hecho de que se pase por alto.
Así es.
Pero uno no tiene el control sobre nada. Todo sucede, simplemente, ¿no es así?
Sí, por eso, todo lo que sucede aquí es una descripción, no una prescripción.
Pero, desde mi “yo”, da la sensación de que tú tienes un efecto sobre lo que acontece.
Exacto.
Y, entonces, surge este pensamiento: “Bueno, yo no provoco ningún efecto. Todo acontece, sencillamente”, pues no puede existir un efecto si no ha existido otro momento en el que existiera la causa, y sólo existe lo que está sucediendo ahora.
Sí, en esta obra teatral, eso es lo que llamamos comprensión intelectual: el reflejo del “saber” innato. Sigue habiendo un “yo” que comprende y eso, en el guión, parece que tiene un efecto liberador.
Por tanto, si soy consciente de eso, es porque ya no considero que yo pueda influir de alguna manera sobre lo que vaya a suceder.
Así es.
En cierto modo, no es muy agradable pensar que tú no influyes en nada.
Ya, pero es que ahora nos hemos vuelto a meter en el relato mientras que, en realidad, ese “yo” que quiere influir sobre algo no es más que una parte de lo que está sucediendo en el momento presente.
Por tanto, se convierte en algo que simplemente constata, en lugar de intentar comprender.
Sí, pero no eres “tú” quien lo constata: simplemente se constata.
Nathan Gill
(Ya estás despierto)
Exacto.
El pensamiento del “yo” no es el problema sino el hecho de que se pase por alto.
Así es.
Pero uno no tiene el control sobre nada. Todo sucede, simplemente, ¿no es así?
Sí, por eso, todo lo que sucede aquí es una descripción, no una prescripción.
Pero, desde mi “yo”, da la sensación de que tú tienes un efecto sobre lo que acontece.
Exacto.
Y, entonces, surge este pensamiento: “Bueno, yo no provoco ningún efecto. Todo acontece, sencillamente”, pues no puede existir un efecto si no ha existido otro momento en el que existiera la causa, y sólo existe lo que está sucediendo ahora.
Sí, en esta obra teatral, eso es lo que llamamos comprensión intelectual: el reflejo del “saber” innato. Sigue habiendo un “yo” que comprende y eso, en el guión, parece que tiene un efecto liberador.
Por tanto, si soy consciente de eso, es porque ya no considero que yo pueda influir de alguna manera sobre lo que vaya a suceder.
Así es.
En cierto modo, no es muy agradable pensar que tú no influyes en nada.
Ya, pero es que ahora nos hemos vuelto a meter en el relato mientras que, en realidad, ese “yo” que quiere influir sobre algo no es más que una parte de lo que está sucediendo en el momento presente.
Por tanto, se convierte en algo que simplemente constata, en lugar de intentar comprender.
Sí, pero no eres “tú” quien lo constata: simplemente se constata.
Nathan Gill
(Ya estás despierto)
Diálogo 4.2
Entonces, eso no tiene por qué cambiar para poder reconocer
que la Unidad
es lo que eres realmente.
Aunque la apariencia de ser este personaje se mantenga,
puede existir el reconocimiento de que eso no es lo único que somos. No somos
solamente la persona sino también la posibilidad de constatarla: la
consciencia, así como su contenido. La Unidad es todo eso, incluida la aparente separación.
No se trata de que algo deba cambiar: ahora mismo, ya hay consciencia, y esa
consciencia está constatando el contenido de la consciencia en este preciso
momento.
Claro, pero sin ser consciente de que es consciencia.
Dentro del guión, el “tema” de esta conversación parece
referirse al hecho de recordar constantemente nuestra verdadera naturaleza; la Unidad en sus dos aspectos
de consciencia y de contenido de la consciencia. Está lo que contempla y lo
contemplado.
¡Pero es que este “yo” tiene ganas de hacer algo! (Se oyen
risas.)
¿Qué es lo que quiere hacer ese “yo”?
Quiere reconocer algo.
¿Es decir, que esa idea que brota se refiere a la objetivación
de la consciencia?, ¿para convertirla en algo concreto? , ¿para encontrarla, en
realidad, dentro del contenido?
Sí, para saber qué es.
De acuerdo, pero es que, en realidad, la consciencia no se
puede “conocer” porque ella es el acto mismo de conocer: es el acto de
constatar todo lo que aparece. Es una nada determinada que lo contempla todo.
Vale…
Se busca algún tipo de conocedor supremo pero, en realidad,
lo único que existe es el “saber” innato. Siempre es algo inmediato. Siempre es
ahora mismo. Si se proyecta como un despertar que tiene que acontecer en un
futuro, es que algo se está pasando por alto.
Entiendo que nunca va a existir ningún otro momento.
Exacto. Por tanto, tiene que haber algo en el presente que
se está pasando por alto. Estos conceptos de consciencia y contenido de la
consciencia son indicadores que apuntan hacia el presente. No hace falta que
miremos al futuro para que aparezcan.
Nathan Gill
(Ya estás despierto)
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